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EEJ 2015 Ávila: Entrevista a Raúl Tinajero, director del EEJ 2015 Ávila

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EEJ 2015 Ávila: Entrevista a Raúl Tinajero, director del EEJ 2015 Ávila

La ciudad de Ávila ha acogido, del 5 al 9 de agosto, el Encuentro Europeo de Jóvenes (EEJ), organizado por el Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal Española, en colaboración con la Orden Carmelitana, la Diócesis de Ávila y el Ayuntamiento de Ávila.

Bajo el lema En tiempos recios, amigos fuertes de Dios, el encuentro se ha enmarcado en las celebraciones del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús y ha reunido a más de 6.000 personas, llegadas fundamentalmente de las diócesis españolas y de otros países como Italia, Francia, Portugal, Polonia y Malta, así como de Australia, Brasil y Argentina.

Raúl Tinajero, el director del Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal Española, ha sido el encargado de guiar el timón de esta barca, comandado por Jesucristo. El padre Raúl, que atesora en su corazón detalles y emociones incalculables, nos atiende para desgranar los aspectos fundamentales de este encuentro.

¿Qué balance general hace del EEJ?

El balance es, claramente muy positivo. El objetivo principal del encuentro era ayudar a que los jóvenes se pudieran encontrar con Cristo a través de la persona de santa Teresa de Jesús, y lo hemos conseguido. Los jóvenes, con su alegría, su entusiasmo, su saber estar y su espiritualidad, han reconocido irse de allí más llenos de Jesús y sentirse más cerca de Dios. Aparte, había otro objetivo: la comunión, el trabajo con todas las diócesis, las congregaciones, etc., de manera unida, para hacernos caer en la cuenta de que, si vamos juntos, vamos a avanzar mucho más… Y todo esto se ha cumplido; así que el balance, como decía, es muy bueno.

¿Cómo ha vivido la juventud de España este encuentro?

Con la alegría propia de la juventud y, sobre todo, con mucha esperanza. Esperanza para ellos, porque se han dado cuenta de que tienen un lugar dentro de la Iglesia y de la sociedad de hoy, donde deben sentirse protagonistas porque son necesarios, y esperanza para los que ya somos algo más mayores y vemos que hay futuro, que hay una Iglesia joven, que hay jóvenes que quieren seguir a Cristo y hay que seguir apostando por ellos, por darles el lugar que deben tener. Lo que el Papa Francisco insistió mucho en Río de Janeiro y nosotros debemos tomarlo, no solo el querer hacer lío, sino el ser conscientes de que los jóvenes son el ventanal por donde tiene que entrar ese aire fresco a la sociedad y a la Iglesia de hoy. Son los protagonistas del mundo y del momento que están viviendo.

¿Con qué detalles se queda?

Hay muchísimo detalles: la alegría de la Vigilia o de la Misa de clausura. Sin duda, el momento de la Vigilia, ese momento de oración, de silencio sepulcral en el Lienzo Norte, con todo el jaleo que podía haber fuera de nosotros y que allí no se escuchaba ni un solo ruido… Todo el mundo en oración, delante del Santísimo, lo que me recordaba a aquel momento de la JMJ en Madrid. Ha habido muchos momentos donde yo pude emocionarme, pero sobre todo el ver que, cuando vienen las dificultades, la juventud responde de una manera maravillosa.

Me quedo con que tenemos una juventud maravillosa: hubo incidencias, como lipotimias, caídas, etc., pero cero altercados, ni un solo problema en todo Ávila. Es decir, que hubiera 6.000 jóvenes durante cinco días en Ávila, con lo que supone eso, y que hayan llenado la ciudad solamente de alegría y de fe, eso es lo más impresionante.

¿Dónde ha visto allí más claramente el rostro de Jesús?

En varias situaciones, pero muy claramente en Pepe: un joven discapacitado psíquico y físico, que nos llamó porque quería venir y tuvo muchos problemas para hacerlo… y el cruzarme con él, verlo y saber que él era Pepe, me hizo ver el rostro de Jesús. Porque su rostro se muestra en las personas que, antes sus dificultades, son capaces de decir que ahí están para ser partícipes de la alegría de la juventud. También lo vi ante un problema que hubo en cuanto a la logística, donde yo les pedí perdón a los jóvenes y ellos me hicieron ver que el rostro de Jesús es el que perdona y el que sabe afrontar las cosas con entereza y con paz. Y también lo he visto en ese momento de oración y de silencio profundo, donde los jóvenes sabían en quién mirar y en quién confiar. En las confesiones, en las miradas agradecidas… Ha habido tantos gestos que querer decir solo uno es, realmente, complicado…

¿Qué puede aportar santa Teresa de Jesús a la juventud de hoy en día?

Santa Teresa de Jesús fue una rebelde en su momento, una inconformista, no se acomodó y, desde la propia clausura, fue capaz de remover los cimientos de la sociedad y de la Iglesia en aquel momento. Creo que los jóvenes de hoy tienen que aprender que, con la fuerza y la gracia de Dios, en el momento en el que están y donde tienen que ser protagonistas, tienen que ser capaces de dar lo mejor, de no conformarse, de no caer en el acomodo y pensar que no necesitan de nada ni de nadie, y de darse cuenta de que dando, van a recibir muchísimo más. Y eso es lo que quiere el Señor: que den lo mejor que tienen en sus vidas y, desde ahí, podrán transformar el mundo.

Decía san Juan Pablo II que se puede ser cristiano, moderno y profundamente fiel a Jesucristo…

No está nada reñido. Podemos estar rezando tranquilamente, reflexionando, jugando juntos, disfrutando, bailando… porque lo hacemos desde Jesucristo de una manera sana y con una juventud que no envejece porque esté con el Señor, sino que rejuvenece mucho más. El joven que vive a Cristo y que vive su fe, es dos veces joven.

El Papa Francisco envió un mensaje de ánimo a los participantes del Encuentro Europeo de Jóvenes, donde les pedía que “no se conformasen con una vida mediocre y sin aspiraciones”. ¿Qué supuso este mensaje?

Es un empujón grande, una palabra de ánimo. Saber que el Papa era consciente de que había un grupo importante de jóvenes que estaban uniéndose para orar juntos, para convivir unos días en torno a santa Teresa, es una satisfacción grande y un apoyo para seguir trabajando con todo el equipo, porque esto no es el trabajo de uno solo, sino de muchas manos. Y, al mismo tiempo, el ver cómo los jóvenes valoraban que el Papa se hubiese acordado de ellos… Nos anima a seguir adelante al saber que el Papa, el pastor, va con nosotros, animándonos y alentándonos.

¿Merece la pena seguir gastando la vida por Cristo?

Merece mucho. Termina todo esto y, a pesar de estar tan agotado, merece la pena porque recibes tanto que todo lo que has dado se ve multiplicado por la gracia de Dios, por cómo se muestra a través de los jóvenes, por medio de la gente que ha caminado contigo. La satisfacción que es llegar por la noche, hacer el examen de conciencia del día y estar agotado totalmente, y decir: he hecho lo que tenía que hacer porque Dios lo ha querido. Con nuestras debilidades, por supuesto, con nuestros tropiezos, pero intentando hacer siempre lo que Dios quiere; eso es una satisfacción muy grande que no hay dinero en este mundo que lo pueda pagar. Sobre todo cuando lo haces por Dios, por la Iglesia, por los demás y que el pago de todo esto es tan inmenso que absolutamente todo merece la pena. Ver sonreír a la gente, sentir que están felices, que descubren la alegría, que empiezan a amar, a darse cuenta de que hay algo más dentro de sí que es Jesucristo… Ese proceso hasta al encuentro personal con Él, hasta que se dan cuenta que no pueden entender su vida sin Jesús, ser parte de ese proceso y ayudarles es la mayor satisfacción que uno puede tener en su vida.

Infomadrid / Carlos González

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