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#EditorialEcclesia: La calidad se mide en la entrega

El pasado 17 de septiembre la Conferencia Episcopal Lombarda organizaba la VI Jornada de Oración y Fraternidad con el clero anciano y enfermo, concretamente en el Santuario de Nuestra Señora de Caravaggio, en la provincia de Bérgamo. Esta fue la zona más duramente afectada por la covid, con imágenes de hospitales y cuerpos desbordados siendo transportados por camiones que ilustran el terrible impacto de la pandemia. El Papa Francisco enviaba un mensaje de aliento y agradecimiento a quienes «experimentan a diario» las restricciones vividas en los últimos meses, un tiempo de prueba. Que esto «nos ayude a comprender que es necesario no perder el tiempo que se nos da; que nos ayude a disfrutar de la belleza del encuentro con el otro, a curarnos del virus de la autosuficiencia».

De la belleza del encuentro, de la entrega sin límites y del sacrificio de la vida por Cristo y por los más desheredados de la tierra saben quienes con más de 80 años siguen regalando un testimonio creíble con su vida sacerdotal. La sociedad actual, y en concreto el mundo de la eficacia y la eficiencia que pone en el centro la producción y el consumo, busca ansiosamente estadísticas y juzga cada situación a través de los números. Pero cuando se habla de cualquiera de las vocaciones eclesiales no es cuestión de más o menos cifras. Lo que se mide es la calidad de la entrega, la fidelidad humilde que no se acalla ante los problemas y la humildad de quien se sabe mero instrumento de Dios. En España más de 17.000 sacerdotes diocesanos, al frente de cerca de 23.000 parroquias, conocen internamente el rostro de la Iglesia que anuncia, que celebra, que acompaña, que enseña y que sirve. Allí donde no hay focos que iluminan ni micrófonos que entrevistan, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos muestran compasión por la «carne herida» de los hermanos, «visitándolos en la enfermedad, apoyando a las personas y familias sin trabajo, abriendo la puerta a todos cuantos pasan alguna necesidad».

Concretamente, muchos son los sacerdotes en nuestro país que con la solidez de la edad y la sabiduría de la experiencia recuerdan la importancia de «aprovechar cada minuto para amar, perdonar y perdonarse, para encontrarse con Dios», como varios de los testimonios que recogemos en el reportaje de esta semana. Las noticias que se publican tantas veces en los medios de comunicación no reflejan la alegría y la bondad de tantos sacerdotes ancianos que con grandes ganas de vivir descubren que la fragilidad acerca más a Dios y a la condición profunda del ser humano.

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