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#EditorialEcclesia: ¿Dónde está la Iglesia?

La Iglesia está donde se necesita. Allí donde otros no llegan se pueden encontrar unas manos generosas y entregadas haciendo vida el Evangelio. Calladamente, sin hacer ruido. Por eso, cuando en plena pandemia se escuchó la pregunta en los altavoces de nuestra sociedad sobre dónde estaba la Iglesia en esta crisis, los periodistas de información religiosa pusieron sobre la mesa el problema de la comunicación y rápidamente la Conferencia Episcopal Española puso los medios necesarios para una mejor organización y coordinación. Porque realmente la Iglesia ha estado y está anunciando la esperanza, celebrando el acontecimiento salvador, acompañando el sufrimiento del Pueblo de Dios, enseñando el arte de vivir y las ciencias del conocer, y sirviendo a quienes ya no pueden sostener la vida en pie.
Si tenemos en cuenta que todo católico es Iglesia, entonces la red eclesial es tan grande que se llega allí donde otros no pueden llegar. Las diócesis, las parroquias, Cáritas, Manos Unidas, las congregaciones religiosas y otras instituciones han puesto todas sus fuerzas al servicio de la persona: en las Iglesias domésticas, en los comedores sociales, en los cementerios, en los hospitales, en la educación desde casa, en los medios de comunicación, en los monasterios haciendo mascarillas e intensificando la oración, en tantos lugares… Son innumerables las actividades. Por eso, ¿dónde está la Iglesia? Donde las personas gritan sedientas de un sentido a la vida, donde las necesidades son tan urgentes que la adoración ante el Sagrario impulsa a saciar el hambre actual y mirar con perspectiva al futuro.
Porque la caridad no ha parado y Cáritas ha multiplicado su labor por todos los rincones. «Hemos acompañado en el dolor a muchísimas personas en hospitales y residencias y las diócesis se han puesto a disposición de las administraciones». «El hacer de la Iglesia manifiesta su propio ser», en palabras del secretario general de la CEE, Luis Argüello, y es un ser y un hacer de un Pueblo que surge renovado de la experiencia pascual tan diferente y tan real vivida en confinamiento. La Iglesia, siguiendo la lógica de Dios, cuida mucho de «airear» aquel bien que hace: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6, 1-4).
Sin embargo, sin caer en la palabrería que crea ruido, es importante que la labor eclesial sea comunicada y cuantificada, aunque no sea la raíz de su acción. La Iglesia expresa su colaboración al bien común porque forma parte de su mismo ser y porque aterriza el compromiso de este Pueblo en Salida que tanto se busca. «El Pueblo que se reúne cada domingo en los templos para rezar el Padre Nuestro no puede permanecer indiferente» a las necesidades personales, familiares y sociales de quienes más han sufrido y sufren esta pandemia. Por eso, la Iglesia se compromete a comunicar más y mejor, y quienes se preguntan por dónde peregrina pueden descubrir que la Iglesia española no es inmune al sufrimiento sino que acompaña cada día los dolores de nuestros coetáneos, porque son los mismos dolores de Jesús que culminaron en la Resurrección.

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