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#EditorialEcclesia: Anunciar y denunciar en tiempos de pandemia

La Iglesia es portadora de una Buena Noticia que no puede ni debe callar porque entre sus manos de barro guarda el mensaje que Jesucristo trae a la Humanidad: el Amor todo lo puede y la muerte no tiene la última palabra. Unas veces, anunciando el Reino y otras, denunciando con misericordia las injusticias, los cristianos ponen en el centro de sus vidas la persona de Jesús y su predilección por los más descartados de la sociedad. Así, el Papa Francisco, defensor de la cultura del encuentro, busca también el equilibrio entre el anuncio y la denuncia para que la dignidad de cada persona y la confianza en Dios sean las claves del peregrinaje por este mundo. Por eso, en su Mensaje para la 54 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se centra en la narración de «historias que construyan» y que «ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos». Esta es una llamada para los medios de comunicación, para los profesionales, para quienes sienten la llamada de comunicar esta Buena Noticia de Dios, para todos.
Por otra parte, el anuncio va acompañado de la denuncia, y el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa, uno de los tuits del Papa decía así: «En la crisis actual, necesitamos un periodismo libre al servicio de todas las personas, especialmente las que no tienen voz; un periodismo que se comprometa con la búsqueda de la verdad y abra vías de comunión y de paz». Francisco pide constantemente que la comunicación sea «una herramienta para construir, no para destruir; para entenderse, no para enfrentarse; para dialogar, no para hacer un monólogo; para orientar, no para desorientar…». A la memoria vienen los gobiernos que durante esta crisis sanitaria arrestaron a periodistas que habían publicado noticias críticas sobre la gestión de la pandemia o aquellos que aprobaron leyes para castigar las informaciones supuestamente falsas. Estas decisiones políticas, en medio del confinamiento, mientras la población estaba un tanto anestesiada por la situación, amenazan «el derecho a la información gratuita, independiente, variada y confiable».
En este tiempo de pandemia los medios de comunicación intentan encontrar el equilibrio entre la veracidad de los hechos y la esperanza necesaria en el futuro. Se trata de informar contrastando, no solo de reproducir lo que el Gobierno de turno busca estratégicamente. Esta pandemia ha dejado sobre la mesa una nueva forma de trabajar en el mundo de la comunicación y una reflexión importante sobre la profesión periodística. Es preocupante que esa «nueva normalidad» integre, casi sin darse cuenta, los ataques a la libertad de prensa, también en España. Sabiendo que hay un tiempo para hablar y otro para callar, los periodistas son verdaderos alfareros de la palabra que tienen por bandera la profesionalidad, enraizada en la humildad y sostenida en la libertad.
Si como decía el Papa en su Mensaje en 2016 «la comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión», se necesita manifestar públicamente la importancia que tienen los medios en cualquier sociedad. Verdad, comunión y paz son tres palabras que debemos aprender a conjugar urgentemente en todas las situaciones, pero muy especialmente en tiempos de pandemia. Porque, como ha experimentado España, la libertad de prensa y de expresión es un indicador importante del estado de salud de un país. En ECCLESIA, el aplauso de esta semana es para los comunicadores que tejen historias de esperanza, ayudan a construir fraternidad y denuncian todo aquello que la rompa.

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