Cultura

Editorial Verbo Divino con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

La Palabra que nos une

Editorial Verbo Divino con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

Precisamente cuando acabamos de celebrar el 500 aniversario de la Reforma, desde Editorial Verbo Divino queremos animar un año más la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

En esta ocasión, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha pedido a las Iglesias y comunidades de la región del Caribe que fueran las encargadas de preparar los materiales de reflexión y oración para esta semana. Así, partiendo de su realidad y de la situación de dependencia colonial vivida a lo largo de su historia, presentan esta semana como un tiempo de gracia desde una perspectiva liberadora en la que Dios se hace verdadero protagonista. Por ello han elegido como lema un fragmento del libro del Éxodo: “Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15,16). Desde esa región de América se anima a que esta Semana de Oración sirva para avanzar hacia la unidad rompiendo las ataduras a un confesionalismo lleno de prejuicios, cerrado, que impide el trabajo en común por un mundo más justo con aquellas personas que no pertenecen a la propia confesión.

Desde el Secretariado de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales de la CEE, se presenta como guía para esta esta semana el texto bíblico de Éxodo 15,1-21, que ha sido tomado de la versión interconfesional de La Biblia, una Biblia que es para todos, la Palabra que nos une.

En este contexto, Editorial Verbo Divino quiere resaltar durante esta semana los estudios y títulos de su catálogo que favorecen la dimensión ecuménica, entre los que destacan muy especialmente La Biblia Traducción Interconfesional (BTI) y La Biblia Hispanoamericana (BH), así como las diferentes ediciones que emplean este texto ecuménico: La Biblia (Verbo Divino) y La Biblia (Edición Pastoral).

 

TEXTO BÍBLICO PARA EL 2018

Éxodo 15, 1-21

Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

Cantaré al Señor, sublime ha sido su victoria; caballos y jinetes hundió en el mar. El Señor es mi fortaleza y mi refugio, él fue mi salvación. Él es mi Dios, por eso lo alabaré; es el Dios de mi padre, por eso lo ensalzaré. El Señor es un guerrero, su nombre es «Señor». Él hundió en el mar los carros y el ejército del faraón; lo mejor de sus capitanes el mar de las Cañas se tragó.

Cayeron hasta el fondo como piedras, el mar profundo los cubrió. Fue tu diestra quien lo hizo, resplandeciente de poder; tu diestra, Señor, aniquiló al enemigo. Con la inmensidad de tu poder aplastaste a tus enemigos; lanzaste el ardor de tu enojo y como paja se consumieron. Al soplo de tu aliento, las aguas se amontonaron, como un muro se alzaron las olas, y los abismos se cuajaron en el corazón del mar. Decía el enemigo: «los perseguiré, los alcanzaré, me repartiré sus despojos, y mi codicia saciaré. Desenvainaré mi espada; con mi poder los destruiré». Al soplo de tu aliento, los cubrió el mar; como plomo se hundieron en las impetuosas aguas.

¿Quién hay como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, terrible por tus hazañas, autor de prodigios? Extendiste tu diestra y los tragó la tierra.

Guiaste con tu amor al pueblo que rescataste; lo guiaste con tu poder hasta tu santa morada. Lo oyeron los pueblos y se estremecieron; los habitantes de Filis-tea se echaron a temblar. Se llenaron de horror los jefes de Edom; temblaron de angustia los príncipes de Moab; se acobardaron los habitantes de Canaán. Cayó sobre ellos terror y miedo. Ante la grandeza de tu poder quedaron petrificados, hasta que pasó tu pueblo, Señor, el pueblo que tú adquiriste. Tú los introduces y los plantas en el monte de tu heredad, lugar donde pusiste tu morada, en el santuario, Señor, que fundaron tus manos. ¡El Señor reina eternamente!

Cuando la caballería del faraón, con sus carros y jinetes, entró en el mar, el Señor hizo que las aguas se volviesen contra ellos; en cambio, los israelitas cruzaron el mar caminando sobre tierra seca.

Entonces María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en sus manos, y todas las mujeres salieron detrás de ella danzando y tocando panderos, mientras ella les cantaba: «Cantad al Señor, porque sublime ha sido su victoria; caballos y jinetes hundió en el mar».

Biblia Traducción Interconfesional (BTI)

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email