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Editorial ECCLESIA: Sinodalidad se conjuga con diversidad

Todo el Pueblo de Dios está convocado a participar en este camino sinodal que el Papa Francisco ha convocado desde el pasado 9 y 10 de octubre y hasta el año 2023. Durante la apertura, el Pontífice recordó que la Iglesia está llamada a escuchar «las esperanzas y las crisis de fe en las diversas partes del mundo, las urgencias de renovación de la vida pastoral y las señales que provienen de las realidades locales».

La revista ECCLESIA sigue animando a los creyentes a participar activamente en este proceso, que entraña un estilo y un modo de ser diferentes, marcados por la huella de Dios que actúa con cercanía, compasión y ternura. Es un tiempo propicio para llamar a la puerta de las parroquias e involucrarse en este caminar juntos.

Esta llamada implica en cada uno un paso grande para acoger la diversidad, para enfrentarse con realismo al conflicto sin escandalizarse y sin caer en la parálisis. ¿Qué diálogo se puede dar cuando se rechaza a quien piensa diferente? Sinodalidad se conjuga con diversidad; y para esa dinámica se necesita descalzarse con humildad y acoger lo que otros sienten y piensan.

Los juicios severos, anónimos y virtuales contra quienes piensan diferente o contra quienes se equivocan no parece que sean de Dios y nos alejan de la Iglesia del Señor. Escuchar solo a los de siempre no es sinodalidad, sino dejadez y cobardía para abrir el corazón y la mente al diferente. La Iglesia necesita estar cerca de la vida de todos, especialmente de los que más sufren.

Hoy se necesitan buenos samaritanos, «hombres y mujeres convencidos de la fraternidad universal, constructores de comunión fraterna en la Iglesia»; se necesitan testigos del Evangelio de Jesús, «promotores de la fraternidad y la amistad social resueltos a tender puentes», como ha repetido en sus últimas cartas el obispo de León, Luis Ángel de las Heras.

Por eso, somos llamados a hacernos cargo de las fragilidades y las pobrezas personales e institucionales; somos llamados a curar heridas, no a provocarlas. Y si las provocamos, mirando a Jesús pobre y humilde, debemos pedir perdón.

La misericordia puede ser una oportunidad para dialogar, ocasión de encuentro desde la fragilidad para escuchar al diferente. «No olvidemos el estilo de Dios que nos ha de ayudar: la cercanía, la compasión y la ternura», decía el Papa en el Aula Nueva Sinodal. Indudablemente, los alejados, los que no están en las iglesias, no van a llamar a las puertas de los grupos parroquiales, ni de los movimientos, ni de las asociaciones, ni de las congregaciones.

De ahí surge la necesidad de salir, de acercarse, de ser creativos para escuchar lo que los demás tienen que decirle a la Iglesia. «El diálogo por el diálogo no lleva a ninguna parte. Pero la escucha y el diálogo humilde, con la oración sincera, llevan a la acción evangelizadora» (Carta pastoral del arzobispo de Tarragona: «Sinodalidad, el camino de la Iglesia», 3-10- 2021).



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