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Editorial ECCLESIA: Los profesionales de la comunicación, llamados a pisar las calles

El pasado 9 de mayo terminaba el estado de alarma en España mientras el proceso de vacunación de la población seguía su proceso: más de seis millones de personas han recibido la primera dosis de la vacuna anticovid y, según datos del Ministerio de Sanidad, se han suministrado más de 20 millones. Durante este tiempo extraño, oportunidad para que la ciudadanía se enfrentase cara a cara con sus necesidades más básicas, los profesionales de la comunicación han entregado a la sociedad lo que llevan en la sangre: una vocación profunda por la búsqueda de la verdad. Algunos en la calle, y la gran mayoría a golpe de teléfono y ordenador, han desarrollado su profesión con la responsabilidad que merece un servicio tan esencial. Sin embargo, nunca antes, el grado de infoxicación fue tan grande como en estos momentos de la historia: la confusión y las fake news invaden las redes, de manera que se necesitan urgentemente profesionales que devuelvan el sentido a la profesión y la confianza a la información contrastada y contrastable. La situación generada desde las primeras noticias sobre el coronavirus ha provocado en la sociedad un grave riesgo de desinformación que pone en peligro las vidas de las personas.

Ante esta situación, cuando se vaciaron las agendas políticas y económicas, muchos profesionales de la comunicación volvieron a sus raíces más vocacionales, buscando las historias que más construyen humanidad y que mejor provocan esperanza. Muchos de ellos han perdido la vida contagiados por la covid. En 2020, según datos del grupo Press Emblem Campaign, más de 600 periodistas fallecieron de covid en 59 países durante 10 meses. Como servicio esencial de nuestra sociedad, unos y otros han trabajado día y noche para mostrar al mundo imágenes de lo que estaba ocurriendo, para escribir las páginas más tristes de la historia reciente y para dar voz a quienes sufrían de primera mano los efectos de la pandemia.

La Iglesia, que celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2021 el próximo 16 de mayo, día de la Ascensión del Señor, recuerda este año que es tiempo de salir a la calle, de desgastar las suelas de los zapatos, de contemplar y escuchar cara a cara las historias que nuestros contemporáneos necesitan contar. Es tiempo de volver al género de investigación y del reportaje, de ir a donde otros no van y demostrar así que los verdaderos profesionales son aquellos que con formación adecuada, sentido común, una buena dosis de ética y de búsqueda del bien común, salen de sí mismos con valentía para relatar lo que ven con sus propios ojos y lo que escuchan de primera mano.

En España, y en cualquier parte del mundo, existe el riesgo de querer contar lo que ocurre desde el ordenador, con los ojos de otros, sin palpar y encontrarse con las personas. Es el pecado de una profesión llamada a encontrar el equilibrio entre el enfrentamiento y el bien común, el equilibrio entre la crítica y la propuesta, el equilibrio entre la información y la opinión.

El Papa recuerda en su mensaje que «existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, solo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”».La red ayuda a multiplicar la capacidad de contar y de compartir, pero se necesita autodominio y responsabilidad para hacerse cargo de las informaciones que se dan. Es necesario desenmascarar las noticias falsas. Todos estamos llamados a eso, todos.

La buena noticia del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Por eso, los periodistas, contadores de historias, saben que el bien común tiene mucho que ver con el corazón y con la Palabra.



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