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EDITORIAL ECCLESIA: La Iglesia promueve la objeción de conciencia y el testamento vital

Malas noticias para la vida. Cuando los profesionales sanitarios y los científicos entregan lo mejor de sí mismos en la lucha por salvar vidas, poniendo en riesgo la suya propia, y cuando la Humanidad entera espera con verdadera ansiedad que se dé un alto porcentaje de vacunación anticovid, el Parlamento español ha aprobado la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (LORE). No es una buena noticia. No deja de ser un fracaso que para evitar el sufrimiento de la persona haya que provocar la muerte de quien sufre. La verdadera y eficaz alternativa sigue siendo una Ley de Cuidados Paliativos que todavía España no tiene, y probablemente, ni se espera. Lo deseable sería ofrecer a todos los pacientes el acceso a unos cuidados integrales y a las prestaciones que corresponden por la Ley de Dependencia. Porque una sociedad progresista es aquella que construye una Casa Común para el cuidado de la vida, sobre todo de las personas más frágiles.

Sin embargo, con 202 votos a favor, 141 en contra y 2 abstenciones, nuestro país se convierte en el séptimo país del mundo en despenalizar la eutanasia, tras Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Nueva Zelanda (donde entrará en vigor en noviembre) y Colombia.

Ante esta situación, la Iglesia sigue proponiendo la vida y promoviendo el derecho del personal sanitario a la objeción de conciencia, recogido en el artículo 16 de la LORE. Se trata de negarse a participar en una eutanasia aunque el paciente que lo solicite cumpla los requisitos expuestos en dicha ley. Porque lo urgente y necesario es promover la vida marcando unas líneas rojas ante todo aquello que no sea «consuelo, cuidado y esperanza». Insistentemente recordamos que esto significa cuidar la vida mientras llega su final evitando el sufrimiento, ayudando así a cada persona a morir con dignidad. Precisamente la muerte digna comienza a ser una palabra secuestrada que no debe identificarse con la eliminación de la vida, sino alivio del dolor, el sufrimiento o la ansiedad, a través de medios terapéuticos, que pueden llegar incluso a una sedación profunda.

La Medicina no siempre puede curar, pero siempre puede cuidar, aliviar y consolar.

La Medicina no siempre puede curar, pero siempre puede cuidar, aliviar y consolar. Nunca forma parte de su misión eliminar la vida. En la raíz de todo profesional se encuentra la responsabilidad de asistir hasta el final de la vida aliviando, consolando, sosteniendo y ayudando a que la persona asuma el momento en las mejores condiciones.

Por otra parte, la Iglesia propone el testamento vital como consentimiento informado para participar activamente en la toma de decisiones junto al médico sobre el tratamiento a seguir. Es tiempo de firmar el testamento, reconocido legalmente en España a partir del año 2002 con la Ley de Autonomía del Paciente. Una vez firmado, se inscribe en un registro de voluntades vitales creado con este propósito en las distintas comunidades autónomas.

El testamento vital es esencial para dejar constancia, de forma anticipada, de nuestra voluntad de aceptar o rechazar determinados tratamientos médicos.

La vida es un don y una bendición de Dios, pero la muerte es inevitable, pone fin a nuestra existencia terrena, y creemos que nos abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios. Estas palabras, entrando ya en la Semana Santa, adquieren un significado más especial y profundo. Acompañando a Jesús en su camino de Muerte y Resurrección, podemos experimentar que Él carga con nuestros dolores. La Cruz nos invita a adentrarnos en su misterio, a entender la fuerza de un Dios que fue crucificado por cada uno de nosotros. Pero la Cruz no tiene la última palabra. No. Es la Vida que siempre resurge.



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