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EDITORIAL ECCLESIA: El discernimiento y la sinodalidad se cocinan a fuego lento

El Congreso Nacional de Laicos celebrado en febrero de 2020 nos invita a todo el Pueblo de Dios a recorrer juntos el camino del discernimiento y la sinodalidad para saber cómo ayudar a cada persona a descubrir que Dios habita en ella y que le necesita en aras de una vida más humana, más plena. Este es el sueño que se revive este año en la Jornada de Apostolado Seglar, a la luz de la Fratelli tutti; que se vuelve a pasar por el corazón, más conscientes aún de que «nadie puede pelear la vida aisladamente». Es necesaria «una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! Solos, se corre el riesgo de tener espejismos», en los que se ve lo que no hay; «los sueños se construyen juntos» (FT 8). Y se construyen con paciencia, acogiendo la diversidad, escuchando el grito de los empobrecidos de nuestro mundo, denunciando las estructuras de pecado que denigran a la persona y nos enfrentan unos a otros. En realidad, se trata de ser instrumentos para que Dios lleve adelante su sueño en un mundo sediento de vida.

Discernimiento. En la era de la rapidez, cuando hombres y mujeres pasan de un tema a otro automáticamente y como autómatas, la Iglesia, contraculturalmente, propone cocinar a fuego lento los procesos hondos del ser humano. Es la dinámica del encuentro que necesita de una escucha tranquila, de una palabra serena y de una mirada amplia. Es el proceso de transformación de la sociedad que pasa por el discernimiento, por desarrollar un olfato que lleve al Pueblo de Dios a descubrir el paso de Dios por nuestra historia. Cada día el Señor impregna el camino con su melodía, y hoy, laicos, consagrados y sacerdotes somos llamados «a descubrir su voz en el grito de cada uno de los seres humanos que encontramos en nuestro caminar, a aprender a escuchar para sanar heridas y a liberar a las personas», sin necesidad muchas veces de darles nada, sino generando espacios de escucha (Mensaje 2021 de la Comisión Episcopal para Laicos, Familia y Vida). Pero para discernir es urgente caminar por la vida con los ojos abiertos, mirando la realidad desde Dios, agradeciendo la vida que se entrega y comprometiéndose con los sufrientes de la sociedad.

Sinodalidad. Con la humildad como bandera, sabiendo que vamos en la misma barca, los laicos son, por vocación bautismal, igualmente responsables en la misión de anunciar el Evangelio, verdaderos actores principales en estos procesos y no cristianos de segunda. Sinodalidad que se concreta en la escucha conjunta, en la fraternidad que crea puentes de diálogo y de encuentro con quienes son diferentes.

Y, sabiendo que el discernimiento y la sinodalidad se cocinan a fuego lento, es preciso huir del clericalismo, «una visión elitista y excluyente de la vocación que interpreta el ministerio como un poder que hay que ejercer y no como un servicio gratuito y generoso que ofrecer». Además, es necesario que el laicado viva su vocación en el corazón del mundo, encarnando el mensaje misericordioso de Jesús, redescubriendo «lo propio y peculiar» (LG 31): su compromiso en la vida pública, transformando las estructuras de la sociedad desde la fraternidad. Así, con fuerza, como en febrero de 2020, los laicos podemos seguir gritando: «¡Sigamos adelante! Estamos forjando un camino para la eternidad».



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