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Editorial ECCLESIA: Dolor y vergüenza por los abusos cometidos

La peregrinación de la Conferencia Episcopal Española a Santiago deja imágenes imborrables de comunión al terminar la 118 Asamblea Plenaria. Las calles compostelanas y la historia de vida y salvación esculpida en las piedras de la catedral, dan fe del encuentro fraterno de los pastores que con su diversidad y rica sensibilidad peregrinan en España impulsando la evangelización.

Los obispos españoles, acompañados por el nuncio, le pidieron al Apóstol Santiago su presencia alentadora en los gozos y sufrimientos de las comunidades a las que sirven. Y aún más, el cardenal Juan José Omella, en nombre de todo el episcopado, reconoció que «los abusos cometidos por algunos miembros de la Iglesia nos causan dolor y vergüenza». Por eso, en su invocación, pidió con humildad «fuerza y luz para que, en todas las diócesis, podamos encontrar, acoger y acompañar, cara a cara, a las víctimas en la sanación de su dolor». Estas palabras resonaron en la bellísima catedral restaurada que desde tiempo inmemorial resguarda los restos del Apóstol.

Pocos medios de comunicación han destacado en sus titulares esta petición dolorida del episcopado. Mientras la presión mediática se dirige hacia la elaboración de un informe sociológico o estadístico de los abusos, la Conferencia Episcopal pone el foco en conocer a cada víctima, caso por caso, en poner nombre, apellido, rostro, historia personal… Todo ello con la humildad necesaria para acoger, pedir perdón y ayudar a sanar. Porque las personas son lo importante, más que las estadísticas. Por eso, es imprescindible seguir dando pasos que sanen a quienes han sido dañados en lo más profundo de su vida; se necesita clarificar, con la ley civil en la mano y la misericordia en el corazón, cómo tratar a miembros de la Iglesia que se han convertido en agresores. Hay que continuar abriendo caminos en la prevención y en la creación de entornos seguros para todos, de manera que se consigan relaciones personales y grupales sanas y que ayuden a crecer. Es imprescindible salvaguardar la presunción de inocencia de cada persona, sin minusvalorar ni un milímetro la gravedad de los delitos.

La creación de las Oficinas diocesanas, el servicio recién creado en la Conferencia Episcopal, el arduo trabajo de otras instituciones religiosas y la aprobación de un decreto general sobre la protección de menores, que vincula a toda la Iglesia en España, son pasos que ponen de manifiesto la estructura creada para acoger a víctimas de abuso sexual, de conciencia y de poder.

Ahora, los obispos españoles, disponibles para el encuentro cara a cara con las víctimas con el deseo profundo de acompañarlas y ayudarlas, reconocen una vez más el dolor y la vergüenza que también recuerda sobre este tema el Documento Preparatorio del Sínodo.

En definitiva, en el Año Santo Compostelano, el año de la gran perdonanza, el camino del perdón y la reconciliación es la hoja de ruta y el compromiso de la Iglesia. Este es el tiempo favorable para curar las heridas.



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