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Editorial ECCLESIA: Afrontar las crisis desde «la conversión y la humildad»

«Con espíritu de obediencia, acepto su decisión». Estas fueron las palabras del cardenal Reinhard Marx tras conocer el 10 de junio que el Papa Francisco no aceptaba su renuncia como arzobispo de Múnich y Frisinga, presentada seis días antes por sentirse «corresponsable» como obispo de la «catástrofe» de los abusos sexuales en la Iglesia. En su respuesta al purpurado germano, dada en forma de carta pública, el Santo Padre confirma el diagnóstico: la Iglesia está en crisis. Y esta crisis solo puede enfrentarse desde la «conversión» y la «humildad» de reconocernos pecadores.

El drama de los abusos sexuales a menores por parte de clérigos es, ciertamente, y como recuerdan no pocos pastores, la consecuencia de muchos fracasos personales y errores administrativos, pero también se ha revelado un mal «sistémico» que, por desgracia, no supo ser afrontado correctamente durante mucho tiempo. La carta de renuncia del cardenal Marx pone el foco en Alemania, donde entre 1946 y 2014 se contabilizaron en el ámbito eclesial 3.677 casos de abusos a niños y jóvenes, pero antes el escándalo sacudió a la sociedad en Irlanda, en Estados Unidos, en Chile, en Australia o en Francia, por citar solo algunas de las naciones más afectadas.

Francisco, por ello, amplía la mirada e invita a ir más allá del caso particular alemán. Sus palabras no van dirigidas solo al cardenal Reinhard Marx, un fiel colaborador, expresidente de la Comece, del episcopado germano y miembro del Consejo de Cardenales, sino a todos los obispos del mundo, a los que les pide «actitudes que tengan el coraje de ponerse en crisis, de asumir la realidad sea cual sea la consecuencia». Más aún, el Papa se dirige a todos los cristianos, pues toda reforma ha de comenzar por uno mismo.

La contestación del Santo Padre urge a la reflexión y a la conversión, a no esconder la crisis personal y comunitaria, porque «la política del avestruz no lleva a nada». Quizá la palabra clave tanto de la renuncia como de la contestación papal sea esa, «conversión»: volver la mirada con humildad, reconocer la hipocresía en el modo de vivir la fe y comenzar a recorrer juntos un camino que permita salir del «callejón sin salida» en que se halla la Iglesia de la mano del Único que puede dar la salvación.

Con su actitud provocadora de procesos de reforma por la vía sinodal, el Papa también reconoce que la debilidad es lugar teológico de encuentro con Dios. En su discurso del 7 de junio a la comunidad de sacerdotes de San Luis de los Franceses en Roma, no pudo hablar más claro sobre los presbíteros. «Los curas “superhombres” —dijo— acaban mal, todos ellos. El sacerdote frágil, que conoce sus debilidades y habla de ellas con el Señor, ese irá bien. Con José, estamos llamados a volver a la experiencia de los actos sencillos de acogida, de la ternura, del don de sí mismo».

Donde pone «curas “superhombres”» cada uno puede poner su nombre y reconocer que la fragilidad es parte de la humanidad y que el mal existe en el mundo y es necesario «contar con él para comprender la realidad».



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