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Editorial ECCLESIA 4.082: La Iglesia, puente de diálogo y concordia en el marco constitucional

El pasado 22 de junio el Consejo de Ministros aprobaba el indulto parcial para los nueve presos del «procés», con la pretensión de abrir una nueva etapa en Cataluña y en el resto de España, con el objetivo de «pasar página» del pasado y con la intención de «restituir la convivencia», según palabras del presidente del Gobierno. Esta maniobra claramente política ha provocado tensiones en la sociedad, y divide, de nuevo, a familias españolas y catalanas, hombres y mujeres enfrentados por sus ideas y sus sentimientos.

En este contexto, cuando impera el choque de contrapuestos sin posibilidad de explicación pausada o de una reflexión profunda que provoque ir a la raíz de las situaciones, la Iglesia tiene la oportunidad de hacer un ejercicio de colegialidad donde cada obispo se manifieste con sinceridad y fraternidad. Los casi treinta obispos de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española dialogaron, entre otros asuntos, sobre los indultos y sus consecuencias en la difícil articulación de la organización política y social de nuestra nación en la que hay nacionalidades y regiones diversas (art. 2 de la Constitución). Dialogaron como tantas y tantas personas estos días. Cada uno desde su sensibilidad y desde el contexto en el que vive, pero todos desde su común identidad sacramental que fundamenta la fraternidad entre ellos y les encomienda ser ministros de reconciliación y comunión desde el anuncio del Evangelio y la DSI.

La Iglesia, sin entrar en dialécticas políticas e interesadas, propone el diálogo, siempre en el marco que organiza nuestra convivencia: el ordenamiento jurídico y la separación de poderes. Pero también los obispos subrayaron que para que el diálogo y la concordia no sean «palabras vacías», es necesario incorporar el respeto a la verdad de la trayectoria histórica compartida, la importancia de la justicia y el bien común, su propia experiencia de ser universal y local, y el cultivo de la amistad civil y la fraternidad que los católicos, aún de diversas opiniones, han de ofrecer a sus conciudadanos para «hacer progresar el país, consolidar la nación y construir la patria», como le pidió el Papa Francisco al presidente del Gobierno el pasado 24 de octubre. Además, el portavoz de la CEE ha sugerido a los indultados que también «indulten» a quienes tienen una visión de Cataluña y de España distinta de la suya.

La era del enfrentamiento busca constantemente el conflicto y la polarización sin dejar un resquicio a la escucha, al caminar juntos corresponsablemente huyendo del titular precocinado con rapidez. El diálogo precisa de abnegación, de salir de uno mismo para ser capaces de encontrarse con el otro. El diálogo necesita de fuego lento, de idas y venidas, de salir de las ideas y los sentimientos personales para encontrarse con los del otro sin juzgar. Nada fácil. Como para otras situaciones humanas, la Iglesia está llamada a ser puente.

Los medios de comunicación piden una posición clara de la Iglesia ante los indultos, y los obispos ofrecen un ejemplo de diálogo, como ellos han hecho en la Permanente, sabiendo y reconociendo que la cuestión catalana, como todas, pasa por el cumplimiento de la ley y en el marco de la Constitución. Los obispos hablan de misericordia y compasión entre ciudadanos y pueblos, que no significa justificar los indultos. Van más allá y se dirigen a hombres y mujeres que caminan juntos y que esta situación les genera tensión y división. Diálogo, que no significa ceder, significa encontrarse, llegar juntos a un punto en el que se puede convivir…

Porque no es tiempo de disgregar fuerzas en el camino de la evangelización y el servicio a los pobres. Mientras en las redes sociales los ciudadanos se enzarzaban en debates estériles, Cáritas presentaba su Memoria anual, revelando que la organización eclesial desdobló su ayuda para llegar a 2,8 millones de personas, un récord de solidaridad que llegó a los 386,7 millones de euros, 50 millones más que en 2019. La Iglesia, más allá del «sí» o del «no», está embarrada donde las necesidades más acuciantes de la sociedad claman al cielo: 2,8 millones de personas pidiendo ayuda.



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