Opinión

Edith Stein cremada en Auschwitz, patrona de Europa, por Fidel García Martínez

Edith Stein cremada en Auschwitz, patrona de Europa, por Fidel García Martínez

La visita del Papa Francisco al que fue durante la II Mundial (1940-45) el lugar del exterminio y de la muerte programada por las fuerzas satánicas más horrorosas manifestadas en forma del nacional socialismo nazi que se materializó en los trenes de la muerte hacia el exterminio en hornos crematorios no sólo de judíos, sino de cristianaos de todas las confesiones, especialmente católicos polacos, ancianos, niños arrebatos a sus propias madres de forma engañosa y violenta, lisiados, enfermos crónicos, ha vuelto a poner en la memoria la degeneración a la que es capaz de llegar el ser humano cuando hace de la voluntad de poder, del mito del superhombre, de la divinización del poder político como opuesto con la violencia del terror a la Misericordia de Dios, que diría el Papa Francisco.

Todos los sacrificados en los hornos crematorios son dignos del mismo respeto, veneración, pero se podría elegir como patronos de los sacrificados a San Maximiliano Kölbe, sacerdote católico quien se ofreció como víctima, sustituyendo a un padre de familia numerosa quien iba a ser sacrificado. La patrona podría ser la filósofa judía Santa Benedicta de la Cruz, más conocida como Edith Stein, discípula predilecta del Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. Convertida a Catolicismo con gran oposición de su familia judía, leyenda la Vida de Santa Teresa. Autora de numerosos escritos filosóficos y teológicos entre los que destaca el de La ciencia de la Cruz. Sometida a una persecución continua por las SS y consciente de que su vida por ser judía peligraba, acepta su difícil situación con gran serenidad y paz. Su detención por la policía nazi, con otros 300 católicos, entre los que se encuentran 15 religiosos, que se reunían para rezar el breviario y el rosario. Los últimos días y horas de Edith Stein estuvieron marcados por la deteción y el transporte hacia el exterminio en los caldeados y abarrotados vagones que la llevaron a Auschivitz. En el viaje hacia la muerte ayudó y consoló a los que iban a ser sacrificados con su paz y amovilidad. Las víctimas tuvieron que dejar su equipaje junto a la vía y en camiones fueron llevadas rápidamente al lugar donde fueron aniquiladas. Los sicarios de las SS los sometieron a un interrogatorio sobre su edad, origen y profesión. Todo estaba programado para que los niños de pecho y millares de personas inocentes fueran asfixiados con gas en poco más de cinco minutos. Así sor Benedicta, hoy declarada patrona de Europa, por su gran valedor San Juan Pablo II, se unió con Cristo y con sus hermanos de raza, se abrazó con la más profunda humillación. Su sacrificio propiciatorio, se consumó con los terribles sufrimientos de su Pueblo.

Los nuevos asesinatos de cristianos en diferentes partes del mundo por el terrorismo fundamentalista islamista, como el sufrido por el venerable y anciano sacerdote Jacques-Hames, en su propia parroquia y ante sus humildes fieles, hacen más necesario el recuerdo de un Awschvitz en pleno siglo XXI.

Fidel García Martínez

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