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Reflexión a propósito de «la transición ecosocial que necesita un mundo poscovid»

«Practicar la honestidad con la realidad».

Esta sentencia fue el motor de arranque de la intervención de Carlos Askunze en el último diálogo #VenyloVerás del portal Noticias Obreras. 

Miembro de REAS (Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria), su breve intervención sobre «La transición ecosocial que necesita un mundo poscovid»,  ha versado sobre algunos de los retos que se nos plantean a los cristianos de hoy ante la coyuntura actual. Un texto publicado en el ‘Tema del mes’ de la revista católica perteneciente a la HOAC y que ahora se saca al ágora digital para su discusión.

  • «Más del 95 % de lo que se considera riqueza es de un carácter especulativo que influye en la economía real». 
  • «Una economía basada exclusivamente en el ánimo de lucro es incompatible con la vida». 
  • «El crecimiento ilimitado del consumo es incapaz de ser asumido por el mundo». 

Askunze esgrimió, ante un auditorio de 77 participantes, la necesidad de «un cambio de rumbo urgente» que ha de ser impulsado por un «proceso de transiciones» de un sistema a otro. 

La  transformación propuesta, indispensable también en el ámbito cultural,  ha de ir de la mano de la capacidad de propiciar cambios políticos institucionales a todos los niveles, tal y como aseguraba Askunze durante su intervención. 

«Construir agenda de políticas públicas que vayan acompañando esas transiciones»; «intervenir en los procesos de desmercantilizar la vida»; «poner a las personas en el corazón de todo el proceso económico»; «o abordar la comunidad como un bien común frente a la individualización extrema», son algunas de las propuestas elaboradas durante la exposición y que invitan al escuchante a ahondar en el artículo original al que remite el autor. El arranque del texto, en los párrafos disponibles para los lectores sin suscripción en Noticias Obreras, dice lo siguiente:

«Pero más allá de la coyuntura inmediata, hemos de reconocer que la pandemia y la impotencia en su tratamiento y control son síntomas de una crisis ecosocial mucho más profunda que amenaza, como nunca había sucedido en la historia, con poner en peligro la propia supervivencia del planeta y de las vidas que alberga. Es necesario impulsar estrategias para una transición, que nos coloquen en la posibilidad de soñar, identificar y diseñar futuros alternativos a los que en este momento nos aboca el capitalismo, desde criterios de justicia ecosocial y desde marcos de profundización democrática».

Dentro de este planteamiento se evoca a una perspectiva que no abandona del todo una serie de matices idealistas que, de algún modo, anulan el aforismo con el que comenzaba  Askunze su argumentación. 

Practicar la honestidad con la realidad implica un pleno reconocimiento de la misma tal y como es. Esto significa que no admite, por su propia operatividad, perspectivas que se alejen de ella como son los sueños o los futuros alternativos. 

«La necesidad», tal y como argumenta el filósofo vasco, «de construir relatos transformadores que sean diversos y esperanzadores» puede generar cierta tensión según la expresión de la narración a la que nos remitamos y su posterior aterrizaje en obras concretas; donde lo ideal tiene una cita trágica ineludible, como defiende Jesús G. Maestro, con la realidad. Porque un relato puede estar basado en una serie de hechos que,  en su concreción y acción, pueden responder adecuadamente a la realidad. O puede, en el peor y más habitual de los casos, convertirse en una ficción que, si es analizada desde planteamientos estrictamente materialistas, no llega a funcionar por estar incapacitada estructuralmente a ponerse en un diálogo franco con la propia realidad; generando la frustración de un ideal que, por su propia definición, es inalcanzable. 

O como diría el catedrático de literatura anteriormente mencionado, «andar preocupado por las pisadas de don Quijote por La Mancha». Este es uno de los principales síntomas que nos alertan de la salud del régimen democrático su capacidad de construir permanentemente castillos en el aire y que abren la puerta a planteamientos más previsores sobre el mundo que ha de venir si no somos capaces de comprometernos con la realidad.

El planteamiento de «una economía social y solidaria que busque garantizar los derechos fundamentales de todas las personas; donde después de esta pandemia se pueda impulsar una nueva organización social de los cuidados y que se lleve a cabo a través de la transición ecológica», es una propuesta que nos invita a dar lo mejor de nosotros para alcanzar el bien común pero es imprescindible que, como paso previo,  empecemos por la sanación del vínculo comunitario más básico. A saber: aquello que decía Kapuscinski de encontrar  y reconocer «el Otro» en «el otro».

Y eso suele arrancar en la estrecha relación con el prójimo en lo cotidiano. Así de concreto, así de real.



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