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ECCLESIA 4.052: Las colas del hambre sí están

Esta semana ECCLESIA muestra las colas del hambre de nuestras ciudades, de la mano de un reportaje elaborado por Carlos González García. El anuncio y la denuncia, propios de nuestro compromiso con el Evangelio, se centran en tantos miles de personas que cada día tienen que pedir alimento en nuestras instituciones. Es una realidad que no se debe ocultar, ¡que no podemos ocultar! Pero también en este número ofrecemos una entrevista que Asier Solana le ha realizado a Carlos Esteban, autor del Informe 2020 Panorama de la Religión en la Escuela, elaborado por la Fundación SM: «La clase de Religión aporta a la sociedad buenos ciudadanos».

Visualiza aquí el número 4.052

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Además, en nuestras páginas puedes encontrar:

  • La opinión de Pedro Huerta, secretario general de Escuelas Católicas: Más plurales, más libres, más iguales
  • Unidos contra la Ley Celaá
  • La presentación que la CEE ha hecho de la Fratelli tutti, en la Fundación Pablo VI: El Papa propone la mejor política
  • Fernando Valera, nuevo obispo de Zamora
  • La documentación del Papa
  • La carta de la Secretaría de Estado de la Santa Sede ante el documental Francesco
  • La crónica vaticana realizada por Ángeles Conde
  • El fanatismo atenta en Niza y Viena, por José Ignacio Rivarés

Y más…

 

Las colas del hambre sí están. «España está pasando hambre y nadie habla de ello». Esta realidad de familias que ya no tienen ni lo indispensable es la que quiere sacar a la luz nuestra #PortadaEcclesia. Las colas del hambre sí están, por mucho que quieran ocultarlas. Se silencian como si no existiesen, pero en muchas de nuestras calles se encuentran hombres y mujeres pidiendo alimentos porque en sus hogares no hay ingresos para lo más básico. Mientras, nuestros políticos anuncian medidas que nunca llegan de verdad. Por eso, somos nosotros los que estamos llamados a anunciar y a denunciar. Desde el compromiso que la Iglesia sigue manteniendo, cuando hay pandemia y cuando no, somos interpelados a estar con quien lo necesita, mostrando el rostro amable de Cristo, el que no abandona, sobre todo cuando la realidad arroja cifras tan urgentes como el hambre, la enfermedad e incluso la muerte.

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