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Dudas que refuerzan la fe

Hoy hemos tenido en Vitoria la visita de una referencia en la teología y la sociología actual, para muchos además, un amigo en redes sociales a quien leerle le llena su mente y su alma de calma y de sosiego en esa plaza pública atrincherada, llena de fake news, insultos y descalificaciones, a veces demasiado politizada y otras veces muy banal. Hablo de Twitter. Allí también hay personas que contrarrestan esto y a quien hoy hemos tenido en mi ciudad. José María Rodríguez Olaizola ha reunido por primera vez desde marzo a tanta gente que por un momento parecía que estábamos en una situación prepandemia. Pero no, las medidas sanitarias presentes en el auditorio del Palacio Europa nos han devuelto rápidamente a la realidad.

Una hora y media intensa, llena de palabras que todas unidas cobraban sentido a esa lectura creyente que ha hecho de lo que estamos viviendo aquí, en España, y en todo el mundo. No sabría bien con qué quedarme de todo lo escuchado esta tarde. Todo me ha llegado y me ha llenado ese vacío que tengo –y que seguramente no sea exclusivo mío– y que ahora toca digerir. Un mar de dudas me ha dejado.

Para compartir con vosotros una primera impresión, queridos lectores, me ha impactado la importancia que ha dado Rodríguez Olaizola a la obligación moral que tenemos como cristianos de ser agradecidos por todo y, por otra parte, pedir perdón por tanto. Esta pandemia nos ha de abrir los ojos, dejar atrás lo que ni antes ni nunca llegó realmente a ser importante y que ocupaba tantas horas a la semana en nuestra rutina. Agradecer por los privilegios –que no derechos– que hemos disfrutado y que ahora nos hacen ser más conscientes de lo que cuesta estar cerca de los tuyos, de pasar tiempo de calidad con familia y amigos. Pedir perdón es libertador. Es ver la vida desde la perspectiva evangélica que tanto apela a este don de arrepentirse y no volver a caer.

Estas líneas son muy vagas para ni siquiera aproximarse a lo que hoy este jesuita nos ha dejado impregnado a decenas de vitorianos. Solo recomendarles que le escuchen y le lean. Sí, también en Twitter. José María Rodríguez Olaizola es, y seguramente no le guste que así lo defina, un discípulo del Señor en el año 2020 que nos traduce el Evangelio al albor de los tiempos que vivimos con una claridad y sencillez que hacen surgir muchas dudas. Pero dudas no para alejarse de la fe, sino para reforzarla, con la vista puesta en lo infinito ante lo limitado de nuestro tiempo en la Tierra  y en la esperanza ante la angustia de esta situación en todo el planeta.

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