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Dos españoles camino de la beatificación: El «Tata Vasco» y Antonio Vicente González

El Papa Francisco reconoció este lunes 21 de diciembre las virtudes heroicas de siete siervos de Dios, entre ellos dos españoles: Vasco Vázquez de Quiroga, primer obispo de Michoacán y Antonio Vicente González, sacerdote canario. Con el reconocimiento de las virtudes heroicas del «Tata Vasco», el Santo Padre acerca el horizonte de la beatificación de uno de los grandes misioneros españoles que todavía no ha sido elevados a los altares.

de hecho, en su viaje a México, de 2016, Francisco quiso celebrar con el báculo y el cáliz del que fuera primer obispo de Michoacán. En la homilía, recordó que fue conocido como «el español que se hizo indio». Nacido en 1470 en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres, llegó a México en 1536. Allí comenzó a construir iglesias, hospitales, escuelas y misiones, en mitad de la conquista del país, hasta que fue elegido para ser obispo. «La realidad que vivían los indios purhépechas, descritos por él como “vendidos, vejados y vagabundos por los mercados”, lejos de llevarlo a la tentación de la acedía y de la resignación, movió su fe, su vida y su compasión, y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de respiro ante esta realidad tan paralizante e injusta», subrayó Francisco. Nunca dejó de defenderlos, aunque ello le valió la enemistad del virrey.

«El buen pastor canario»

El sacerdote canario Antonio Vicente González nació en Agüimes en 1817 y formado en los dominicos, fue desde su ordenación el primer párroco de Santo Domingo, en el barrio de Vegueta, en Las Palmas. También fue fiscal de la diócesis, secretario, vicerrector y catedrático de Teología del seminario. Sin embargo, a pesar de ser un gran orador, fue recordado sobre todo por su fe y su amor a los pobres y enfermos.
En 1847, cuando la hambruna llegó a la isla, instaló en su parroquia un centro de caridad pionero. Ese mismo centro se transformó cuatro años después en un pequeño hospital improvisado para hacer frente al cólera. La epidemia se extendía rápidamente debido a las insalubres condiciones de vida de las clases más pobres. Muchos huyeron de la ciudad. Pero el padre González siguió al pie del cañón. «Se dedicó a hacer de médico, de padre, de hermano y de sacerdote». Acabó contagiándose y muriendo a los 34 años, lo que le ganó la fama de ser el «buen pastor canario».

Los demás son los italianos Bernardino Piccinelli (1905-1984), Antonio Seghezzi (1906-1945, en el campo de concentración de Dachau), Bernardo Antonini (1932-2002, en Kazajistán) y Rosa Staltari (1951-1974); y el polaco Ignacio Stuchly (1869-1953).
Además, también autorizó la beatificación de Rosario Angelo Livatino, el juez italiano que «plantó cara a la mafia». El jurista, asesinado el 21 de septiembre de 1990 a los 38 años, era conocido como el «mártir de la justicia y de la fe».



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