Adviento Especiales Ecclesia

Dos corazones sincronizados, por Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Dos corazones sincronizados

El cuarto domingo de adviento es un domingo mariano, es el domingo mariano por excelencia. Cada domingo, semana tras semana, celebramos el misterio de Cristo, muerto de amor y resucitado para nuestra salvación, pero llegados al cuarto domingo de adviento, en el que Cristo sigue siendo el centro, lo contemplamos en el seno de su Madre virgen, a punto de darlo a luz en la nochebuena. Una vez más la Madre y el Hijo van inseparablemente unidos y no se entienden el uno sin el otro. Los unió Dios en su admirable plan de redención, no los separe el hombre con sus razonamientos y elucubraciones.

En este Año jubilar del Corazón de Jesús, contemplemos una y otra vez esta sintonía de corazones: el Corazón de Jesús y el Corazón de María. El corazón de Jesús y el corazón de María laten al unísono. El corazón de María está abierto a la voluntad de Dios. Cuando recibe el anuncio del ángel de que va a ser madre de Dios, ella termina diciendo: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Toda una actitud de ofrenda, de disponibilidad, de obediencia a los planes de Dios. Y el Verbo se hizo carne en su seno virginal. Todo el mundo estuvo pendiente de ese “sí” de María, nos recuerda san Bernardo. En ese “SI” con mayúscula se ha abierto una fase nueva de la historia humana. Un “sí” sostenido durante toda su vida, incluso en los momentos de dolor. Junto a la Cruz de Jesús estaba María acompañando y sosteniendo la ofrenda de Cristo al Padre. Ella participó de esa actitud en entrega generosa de sí misma, como lo hizo desde el principio, desde el anuncio del ángel.

Al entrar en este mundo, dice Jesús dirigiéndose al Padre: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has dado un cuerpo. Entonces yo dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hbr 10,6-7). Con esta actitud ha vivido Jesús toda su vida terrena y vive en la eternidad en obediencia amorosa a la voluntad del Padre. La vida cristiana consiste por tanto en esa obediencia al estilo de Jesús, al estilo de María. Obediencia a la voluntad de Dios, que le hace disponible para entregar su vida en rescate por muchos.

La sincronía de los corazones de Jesús y de María es asombrosa. En el mismo instante histórico en que ella responde al ángel, diciendo: “Aquí está la esclava del Señor”, Jesús entra en el mundo diciendo “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Es un instante cronológico en el que ambos corazones han coincidido en la misma actitud, en el mismo “sí”, que ha abierto una nueva etapa para la humanidad. Si la tendencia del corazón humano es la rebeldía y la desobediencia como secuela del pecado, Jesús y María han vivido toda su vida en obediencia de amor. Jesús y María han cambiado el rumbo de la historia, haciendo de su vida una ofrenda de amor al Padre para servir a toda la humanidad. Dos corazones que laten al unísono, qué bonita convivencia.

Entrar en el corazón de Cristo y en el corazón de María, que laten al unísono con las mismas actitudes de obediencia y de amor, nos enseña a vivir con ellos y como ellos en obediencia de amor a Dios Padre, nos enseña a hacer de nuestra vida una ofrenda permanente, nos enseña a convivir unos con otros. El corazón de Cristo y el corazón de María son la mejor escuela de vida cristiana, por el camino de la obediencia, que es camino de libertad, y por el camino del amor para entregar la propia vida a los planes de Dios.

Cuarto domingo de adviento. Preparemos la Navidad que se acerca, intensificando en nuestro corazón las actitudes del Corazón de Cristo y del Corazón de María. Actitud de ofrenda, de oblación, de solidaridad, de servicio y entrega. Cuando rezamos el Rosario, vamos contemplando los misterios de Cristo desde el Corazón de María. Domingo mariano, porque en su vientre María lleva al Redentor del hombre y del mundo.

Feliz y Santa Navidad para todos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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