Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

Dos años de gracias con Francisco, y pronto otra gracia extraordinaria – editorial Ecclesia

Dos años de gracias con Francisco,  y pronto otra gracia extraordinaria

Nuestra revista ecclesia ha querido celebrar el segundo aniversario de la elección del Papa Francisco con una entrevista a una pintora argentina, retratista suya (páginas 17 a 19), y con un amplio reportaje fotográfico (páginas 20 a 24), ilustrado, además, con algunos de los datos más sobresalientes de su ministerio apostólico durante este tiempo. Estos dos años de Francisco, no cabe duda alguna, no solo han hecho ya historia, sino que han sembrado un futuro mejor para la Iglesia y para la humanidad.

Su compromiso por ser fiel al nombre adoptado –Francisco, en memoria y bajo la protección y modelo de san Francisco de Asís, el cristiano que más se ha parecido a Jesucristo- y lo que este nombre, pues, significa -radicalidad evangélica, retorno a los orígenes, apuesta por la sencillez, la fraternidad y la humildad, opción por los pobres, empeño por hacer factible el sueño de las Bienaventuranzas, cántico a la vida y a las criaturas y  deseo de reformar la Iglesia desde la espina dorsal del Evangelio- avalan sobradamente el don que con el Papa Francisco nos llega.

Y para calibrar e implementar bien el don concreto del ministerio petrino de Francisco es preciso ir a su compás, sin prisas y sin pausas,  sin moviolas y sin precipitaciones, sin nostalgias y sin ensoñaciones, sin rechazos soterrados y sin apropiaciones e instrumentalizaciones indebidas. Lo mejor del pontificado de Francisco, no solo está por llegar, sino que ya ha llegado y sigue llegando. Algo nuevo, como palabras del profeta, empezó a nacer aquella tarde lluviosa y cuajada de esperanza del 13 de marzo de 2013. Un algo nuevo que sigue naciendo, que ha de seguir naciendo.

Más allá de cambios, de gestos -¡son tantos, tan hermosos, tan significativos, tan interpeladores!-, de decisiones, lo que el  Papa Francisco significa es la voluntad incontestable de retornar en mayor medida al Evangelio y de hacerlo, como el Evangelio demanda. ¡Claro que Francisco quiere reformar la Curia y las curias! ¡Claro que propugna, predicando con el ejemplo, una Iglesia  pobre y para los pobres,  una Iglesia más samaritana, más cercana, más limpia y más creíble, una Iglesia de puertas abiertas, acogedora y madre con entrañas de misericordia! ¡Claro que quiere  una Iglesia y una sociedad donde se viva la cultura del encuentro y de la solidaridad y no la tantas veces vigente cultura del descarte y de la indiferencia!

Pero lo que, ante todo, quiere el Papa Francisco es la reforma y la conversión del corazón. De un corazón más cristiano, más del Evangelio, más de las Bienaventuranzas, más, en suma, de Jesucristo. Un corazón que, como el Francisco de Asís, sea capaz, como la lluvia fina, de empapar y hacer reverdecer todos los rincones de la tierra.

Pero la misma actualidad vaticana, como contamos en la página 35, ha querido depararnos otro don, otro regalo, coincidiendo, además, providencial y significativamente con el mismo día de este segundo aniversario del Papa Francisco. Nos referimos a su anuncio de un año santo extraordinario, universal y temático: el Año Santo de la Misericordia. Se proclamará formalmente, junto a la Puerta Santa de la basílica vaticana, el II Domingo de Pascua, el próximo 12 de abril, día de la Divina Misericordia, fiesta instituida por san Juan Pablo II en 2000. Comenzará, tampoco por casualidad, el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María y quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Coincidirá durante todo el año con el ciclo de lecturas C de la liturgia de la Palabra dominical, en las que se proclaman, sobre todo, textos evangélicos de san Lucas, el evangelista de la misericordia, “el narrador de la mansedumbre de Cristo”. Y concluirá, para recordarnos  que el gran, inmenso, tesoro de la Iglesia y su quicio y referencia es Jesucristo, en la fiesta de Cristo Rey, el 20 de noviembre de 2016.

“La misericordia –recuerda, repite y practica Francisco- es el corazón del Evangelio”. ¿Cómo entenderlo, vivirlo y concretarlo todos, pastores y fieles, mejor? De eso se trata ahora. Estos son el reto y la aspiración -¡benditos y tan necesarios reto y aspiración!- del próximo Año Santo. Tiempo, pues, de gracia, a sumar a tantas otras gracias. Y tiempo también de siembra y de dejarnos sembrar.

           

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