Carta del Obispo Iglesia en España

¿Dónde está la solución?, por el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza

¿Dónde está la solución?, por el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza

No creo en la igualdad de género. Creo en la igualdad entre el sexo femenino y el sexo masculino, esto es, entre los seres humanos.

Creo, pues, en la igualdad de sexos. No me gusta la desigualdad por la que la mujer sufre en tantos campos; detesto la violencia contra la mujer y, por supuesto, condeno sin ninguna clase de dudas las muertes que hombres –habría que decir “el macho”- comete contra la mujer; como también detesto las muertes de niños por ser niños, de adultos y de ancianos, como me duele que haya quienes mueren por falta de seguridad en el trabajo, por ahorrarse un dinero, o por tantas discriminaciones que se dan en la sociedad humana.

Pero no creo en la igualdad de género; me reafirmo en ello. ¿Por qué razón? Porque, aunque no existe ninguna diferencia en cuanto a la dignidad y a los derechos fundamentales entre hombre y mujer, hay diferencia entre sexo masculino y el sexo femenino. Lo cual no me impide ver la igualdad radical entre las dos partes que constituyen la humanidad: la mujer y el hombre. Hay diferencia entre los sexos, aunque éstos son complementarios, y las diferencias entre hombre y mujer no se deben simplemente a una cuestión de género, cultura, educación o mala educación, o asignación de roles. Pero no me escandalizo porque niños y niñas, por ejemplo, jueguen a juegos que no sé por qué tiene que ser de “niños” o de “niñas”.

Acepto o entiendo que existan quienes defienden la igualdad de género. No tengo por qué ser partidario del pensamiento único. Por eso mismo, me parece muy radical la postura de los que consideran que quienes no aceptamos la igualdad de género, tan marcada hoy en nuestra sociedad, somos retrógrados, o de pensamiento inferior. Mucho menos que odiamos a las mujeres. En absoluto. Pero, eso sí, no tenemos como verdadero lo que ellos tienen como evidente: no hay sexos, solo género. Aquí radica en nuestro mundo la gran diferencia entre el modo de entender y comprender qué es el ser humano, hombre/mujer, que yo creo que se complementan.

¿Podrá haber, dentro de la libertad de pensamiento, algún acuerdo básico sobre la antropología humana? Lo desearía. ¿Cómo no pensar que hay exigencias éticas fundamentales e irrenunciables para el ser humano? Si no fuera así, estaríamos ante el pensamiento único que la cultura imperante en Europa, sin ir más lejos, impone como un martillo pilón y, además, sin aclarar conceptos y confundiendo las cosas con cierta simpleza, pensando, por ejemplo, que la ideología de género soluciona todo.

Tiene que haber por ello exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, que concierne al bien integral de la persona. Una de estas exigencias éticas fundamentales es la complementariedad entre los dos sexos y no el enfrentamiento ni el empoderamiento de un sexo o del otro. La mujer y el hombre se complementan porque ese perfeccionarse el uno al otro sexo está en la misma realidad corporal de ambos, en su realidad personal. Y no solo desde el punto de vista biológico o corporal. Los creyentes sabemos, además, que en el origen de los sexos está la acción creadora de Dios.

Sé que para algunos la “opción de Dios” no puede ser tenida en cuenta, porque piensan que es una opción religiosa o de los creyentes, y por ello particular o propia de los creyentes. No es así la cuestión, es mucho más compleja. Piensen, además, los dicen o creen ser ateos o agnósticos que ellos no pueden caer en un radicalismo más extremo. Sinceramente pienso que mayor radicalismo es el que impera en Occidente, con Europa y España incluidas: el que defiende que solo la “opción género” es válida y todas demás explicaciones sobre qué es el ser humano, el hombre y la mujer, deben desaparecer. Según ellos, están superadas.

No se solucionarán de este modo los problemas, ni lograremos una victoria sobre un machismo inaceptable que sigue en nuestra sociedad, cuya erradicación impide además que sigan muriendo mujeres injustamente… y algún hombre. La ideología de género no es la solución. De ningún modo.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

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