Blog del director Creo en la Iglesia

Don Elías Yanes, por Jesús de las Heras Muela

Don Elías Yanes

 El obispo que ha ocupado los más relevantes cargos en la CEE

(En el número especial que nuestro semanario ecclesia dedicó, hace casi dos años, al cincuentenario de la CEE, nuestro director, Jesús de las Heras Muela, firmó un artículo sobre monseñor Elías Yanes.  Fue en el número 3.828, correspondiente 23 de abril de 2016, páginas 44 y 45. El texto conserva plena vigencia y actualidad, máxime ahora con motivo de monseñor Yanes. Reproducimos el texto)

No podía faltar a esta cita de ecclesia en el cincuentenario de la CEE. No podía faltar el obispo que quizás ha tenido, en este medio siglo, una mayor presencia, incidencia y relevancia en la historia reciente del episcopado español. Y no es esta una afirmación baladí o al uso, sino que la avalan los hechos. Monseñor Elías Yanes Álvarez es la persona que ha ocupado los cargos más relevantes en la historia de la CEE. Fue secretario general de 1972 a 1977, presidente de la siempre importante Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1978 a 1987, vicepresidente los seis años sucesivos, presidente de 1993 a 1999 y vocal del Comité Ejecutivo de 1999 a 2005. De los treinta y cinco años de ministerio episcopal en activo, don Elías formó parte de la citada Comisión Permanente de la CEE durante treinta y dos años. Y contra los hechos, no hay argumentos.

Don Elías cumplió 88 años el pasado 16 de febrero. Reside en la Casa Tobías de la archidiócesis de Zaragoza, de que la fue pastor de 1977 a 2005. Allí goza del cuidado de los profesionales de la Casa y, sobre todo, del cariño y de las atenciones de sus servidores incondicionales Antonio, Alicia y Félix. ¡Claro que don Elías hubiera querido escribir para este número especial de ecclesia! Pero no siempre se puede lo que se quiere.

Pero, por ello, porque don Elías hubiera querido estar presente en este número de ecclesia, revista semanal a la que tanto ha querido y quiere, su ausencia debía ser suplida, y su nombre, su memoria y su legado debían aparecer en esta edición.

Entendió y empleó la necesidad de la comunicación

Lo tuve, pues, claro desde el comienzo: «Don Elías estará». Y no pensé encargarle a nadie el artículo. Mi biografía personal y ministerial y mi afecto me llamaban a ser yo mismo quien escribiera por él y de él. ¿Por qué? Porque fui su jefe de prensa (esto de jefe de prensa es el argot periodístico con el que se conocen a los directores de comunicación de las distintas instituciones). Lo fui, y con mucho gusto y a mucha honra, durante cuatro años (1995-1999). Y he de decir alto y claro que este servicio, prestado también al entonces secretario general de la CEE, monseñor José Sánchez González, mi también obispo diocesano, ha sido una de las etapas más hermosas y fecundas de mi vida sacerdotal y periodística.

Entonces y desde entonces, entre don Elías y un servidor se entabló una corriente de afecto, de respeto y de amistad que perdura. En principio, nada teníamos que ver el uno con el otro. Él era y es isleño (de Mazo, en la isla tinerfeña de La Palma) y yo mesetario y castellano. Él podía, en cuanto a edad, ser mi padre. Y era obispo. Él era y es mucho más reflexivo, tímido y sentado que un servidor… Él ocupaba un cargo de gran relevancia, cargo que desempeñó con eficacia y solvencia y yo no era más que un cura-periodista —entonces hasta joven…—, que solo debía aprender y servir. Y no sé si supe servir —garantizo que lo intenté, gracias a también a mis colaboradoras (y para siempre entrañables amigas) Cristina del Olmo y Mari Carmen Ramírez; gracias asimismo a Antonio González, ya citado, y a la recientemente fallecida Carmen Fernández, ambos en la retaguardia zaragozana de don Elías—, pero garantizo que aprendí y aprendí mucho.

Del talante de don Elías para con los medios de comunicación, aprendí, sobre todo, cuatro cosas: servicialidad, necesidad, preparación y saber estar. Él siempre estaba disponible. Nunca tenía pereza ni reservas; además, como era muy madrugador, no le importaba que la entrevista fuera con el alba (incluso, si era necesario, también a medianoche…). ¡Si el tren de entonces, el TER, entre  Zaragoza y Madrid pudiera hablar…! Confieso que desde que funciona el AVE en esta línea y tengo que viajar a la capital aragonesa, me acuerdo de don Elías y me digo: «¿Qué viajes no habría hecho don Elías al servicio de la CEE y de la Iglesia si hubiera tenido en aquellos años el Ave?». Su servicialidad era tal que no recuerdo que jamás se negara, si materialmente era posible, a una entrevista, a una rueda de prensa, a una gestión o comparecencia mediática. ¡Cómo olvidar —verdad, queridas Mari Carmen y Cristina— el día de su reelección, el martes 13 de febrero de 1996, como presidente de la CEE, en que no nos consta que comiera ni que cenara  porque se pasó el día entero y verdadero atendiendo a los medios!

Don Elías era consciente de que la Iglesia necesita de la comunicación, de que la Iglesia es comunicar, y que no puede permanecer muda o ausente de los medios de comunicación. Quizás esta lección la aprendió ya en sus años como secretario general de la CEE, a la vez del gran, del carismático cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Ambos fueron los artífices más directos de aquel extraordinario papel que la Iglesia católica en España desempeñó en la Transición en pro de la concordia y de la reconciliación.

Don Elías se preparaba bien las entrevistas y las gestiones con los medios. Nada más ser yo nombrado director de la Oficina de Información de la CEE, me pidió le hiciera un listado de los temas más recurrentes en la agenda mediática y en los intereses de los medios. Y cuando la entrevista iba a producirse, revisábamos los temas del día y nos formulábamos ya las hipotéticas preguntas que le podían ser formuladas. De él aprendí también a saber salpicar las declaraciones con citas de actualidad y de autoridad y si, por ejemplo, el Papa o la Santa Sede ya habían hablado sobre el tema en cuestión, saber hacer referencia a ello y dejar así el tema mejor resuelto y zanjado. Nunca don Elías me vetó previamente ni vetó en el directo mismo de la entrevista ninguna cuestión por vidriosa que pudiera ser.

Don Elías sabía estar ante y con los medios. Era él mismo, sin trampa ni cartón: sencillo, cercano, con esa fría cordialidad que tanto le ha caracterizado, serio, riguroso, preciso, austero, casi parco. Don Elías respetaba a los demás y emergía así con más fuerza el respeto que su persona y su figura merecía. No recuerdo, además, que nunca don Elías se «pasara», o dicho más coloquialmente: que metiera la pata en unas declaraciones.

Pero mucho más que la comunicación

Pero, claro, el servicio de don Elías fue mucho más que esta dimensión comunicativa que acabo de glosar. Basten ahora algunos apuntes. Lo haré cronológica y telegráficamente:

1.- Durante sus cinco años como secretario general, contribuyó esencialmente a engrasar adecuadamente la maquinaria, el funcionamiento interno y externo de la CEE. No en vano, la CEE estaba casi recién nacida y don Elías, entonces jovencísimo obispo auxiliar de Oviedo, era su segundo secretario general (monseñor José Guerra Campos, como obispo auxiliar de Madrid, fue el primero, de 1966 a 1972)

Junto a su vicesecretario para Asuntos Generales, el sacerdote navarro José María Eguaras, ya fallecido, configuró el todavía vigente modelo de funcionamiento ordinario del secretariado del episcopado, de la secretaría general. Es esta tarea escondida, burocrática, laboriosa, abnegada, silenciosa, poco agradecida, pero tan necesaria e importante.

Don Elías, además, en este caso, junto a su estrecho colaborador y amigo Bernardo Herráez, sacerdote abulense fallecido en 2010, puso también las bases para el sostenimiento y funcionamiento económico de la CEE.

2.- Don Elías, como ya quedaba sugerido, fue el complemento ideal del cardenal Tarancón durante los años de la Transición. Cada uno hacía su trabajo. Y el luminoso trabajo final ya es  bien sabido de todos. Un trabajo que no habría sido posible sin el Concilio Vaticano II y el Papa Pablo VI. Don Elías era un enamorado del Vaticano II, un obispo conciliar de los pies a la cabeza. Don Elías era un obispo y hasta una persona inequívocamente «montiniana»…

3.- El servicio de don Elías a la educación católica es impagable, gracias a sus tres trienios consecutivos como presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis. Él fue el pastor sereno y audaz que entendió que el futuro de nuestros colegios de la Iglesia pasaba por los conciertos educativos. Y se batió bien el cobre en esta tarea. Y el paso del tiempo y los hechos le han dado la razón, que algunos entonces, en los primeros años de la década de los ochenta, en plena hegemonía del primer Gobierno socialista, le negaron.

4.- La presidencia de don Elías estuvo caracterizada por un nuevo estilo de cercanía, integración y apertura y por nuevos acuerdos y logros en el desarrollo de los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979, en cuya «cocina» también estuvo. Y lo hizo desde tres claves fundamentales de actuación: el diálogo institucional, la nítida separación desde la colaboración en los temas comunes y desde la libertad entre la Iglesia y los Gobiernos de turno y la potenciación de la misión propia de la Iglesia.

5.- Por último y cuando pasaban los años  e incluso y sobre todo cuando le llegó la hora de la jubilación, don Elías sobresalió como un humilde, perseverante, activo y comprometido promotor del apostolado seglar, singularmente a través de la Acción Católica y con iniciativas como el Itinerario de Formación Cristiana, por él auspiciado.

Esto y mucho más, ¿no son motivos más que suficientes para darle las gracias de todo corazón a don Elías y para decirle también ¡bravo! ¡Se lo merece!?

Jesús de las Heras Muela, Director de ecclesia

 

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