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El don del Papa Francisco es y ha de ser de todos y para todos – editorial ECCLESIA

El don del Papa Francisco es y  ha de ser de todos y para todos – editorial ECCLESIA

El pasado domingo, día 13 de marzo, se cumplieron tres años de la elección pontificia del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, desde entonces Papa Francisco. Conmueve todavía evocar aquellas fechas inolvidables del alba de la primavera de 2013, singularmente aquella lluviosa y venturosa tarde romana del miércoles 13 de marzo y aquella primera aparición y puesta en escena pública del nuevo Santo Padre. Resuenan aún en nuestros oídos sus primeras palabras y su primera y proverbial catarata de gestos, que, tres años después, palabras y gestos, hemos ido comprobando, admirados e interpelados, que eran realidad, que le salían del alma y que estaban y siguen estando certificados por el aval de los hechos y uncidos con el aura de lo Alto.

Tres años después, seguimos dando gracias a Dios de todo corazón por Francisco y por el don del ministerio apostólico petrino, por los extraordinarios Papas con que ha bendecido a su Iglesia en, al menos, los últimos ciento cincuenta años y en cuya secuela de gracia se inserta tan plenamente el actual Sucesor de Pedro.

A lo largo de este tiempo, no cabe duda alguna de que sus mensajes se han ido abriendo camino en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad. Resulta indiscutible su relevancia y popularidad y las inmensas olas de simpatía y afecto que despiertan en la inmensa mayoría de los creyentes y de los no creyentes. Su autoridad moral brilla con fuerza y lo hace más aun precisamente gracias a su autenticidad, su austeridad, su pobreza, su libertad de profecía y de denuncia y su capacidad de acogida y encuentro. Tres años después, nuestra Iglesia sabe mejor e intenta practicar mejor que Misericordia es el nombre de Dios y que es más auténtica y más fiel cuanto más efectiva y afectivamente sea la Iglesia de los pobres y para los pobres, la Iglesia siempre en reforma –de estructuras y mecanismos, también, pero sobre todo de corazones-, la Iglesia madre y casa de puertas abiertas que soñó su único Señor, Jesucristo.

Y ante tal caudal de gracia, solo cabe beneficiarnos de ella,  zambullirnos, sin temores ni prevenciones, en su cauce ungido por la Providencia. Y ello debería situar a todos los miembros de la comunidad eclesial en una actitud de verdadera apertura, más aún, de disposición a acoger su potencial renovador que clama, lleva y urge a la conversión personal, pastoral y misionera de nuestra Iglesia y de todos y de cada de los que formamos parte de ella.

Dicho de un modo mucho más claro y directo: mal servicio se prestaría al Papa Francisco y a su torrencial evangélico y renovador apropiándonos de él desde posiciones dialécticas, ideológicas, excluyentes e interesadas. Más claro todavía: Francisco no es el Papa de y para una supuesta Iglesia progresista y,  por ende, un látigo para los conservadores. El Papa Francisco es de todos y para todos. Y nadie debe apropiarse su figura y mensaje en beneficio propio; al igual que tampoco nadie debe sentirse alejado y excluido de ellos. Un Papa no es mejor o peor porque se adecua en mayor, en menor o en ninguna medida a nuestros, por legítimos que sean, planteamientos, expectativas y posiciones ideológicas y pastorales.

Al Papa, a Francisco, y en consecuencia a la Iglesia, se le presta un flaco favor cuando solo se pondera y hasta se utiliza como arma arrojadiza contra los demás aquello que nos gusta de él, mientras silenciamos y hasta ninguneamos aquello que no coincide tanto con nosotros y con nuestra manera de ver las cosas. Y lo mismo al revés: Francisco es el Papa también de quienes lo critican, de quienes –preciso es decirlo, por supuesta minoría recalcitrante que pudiera ser- recelan de él y buscan, sin tregua y con todo tipo de alharacas, su minimización e incluso, a veces, algunos, pocos, su descalificación.

Es cierto que la mayoría del pueblo fiel y de sus pastores, al igual que la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de buena voluntad, han captado y siguen captando la verdad del Papa que ahora es la verdad de Francisco. Y que gozan y gozamos con ello. Y damos gracias a Dios por ello. Porque es Dios mismo quien estuvo grande con nosotros el 13 de marzo de 2013 y tres años después sigue y seguirá estándolo.

 

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