Cartas de los obispos Última hora

Domund 2020: «Aquí estoy, envíame»

Un año más la Iglesia nos invita en este domingo de octubre a celebrar el día del Domund, esa Jornada Mundial Misionera que, ya desde niños, nos resulta conocida y familiar. Es un día importante para tomar mayor conciencia de nuestra responsabilidad como «discípulos misioneros» en la evangelización de los pueblos, según el mandato de Jesús. Y es el domingo en el que tenemos presentes de una manera más intensa a todos los misioneros y misioneras, los «mejores hijos de la Iglesia», que han escuchado la llamada del Señor a ir hasta los confines del mundo, acercándose a todas las gentes para comunicar con obras y palabras la alegría del Evangelio.

El año pasado celebrábamos esta Jornada en un contexto especial, dentro del Mes Misionero Extraordinario, que se proponía estimular la conversión misionera de los creyentes y las comunidades bajo el lema «Bautizados y enviados». Este año estamos invitados a celebrarlo en otra situación especial, marcada tristemente por los sufrimientos y desafíos que la pandemia del coronavirus está arrastrando a nivel mundial y de la que los misioneros son protagonistas en los países más afectados. El Mensaje que nos dirige el Papa Francisco con ocasión de esta Jornada se hace eco de todo ello. «Al igual que a los discípulos del Evangelio, dice el Papa retomando la oración del 27 de marzo en la plaza de San Pedro, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En este contexto, la llamada a la misión, la invitación a salir de nosotros mismos por amor de Dios y del prójimo, se presenta como una oportunidad para compartir, servir e interceder». Así, el Domund de este año, en esta situación, urge a los cristianos a hacer más patente nuestro compromiso con la Iglesia misionera.

Desde que Jesús envió a sus discípulos para ser sus testigos hasta el confín de la tierra, la Iglesia continúa su misión para que el amor de Dios se manifieste y pueda tocar los corazones, y transformar las culturas en todo tiempo y lugar, porque nadie está excluido del amor de Dios. Él continúa buscando a quién enviar al mundo y a cada pueblo para esta misión. El lema del Domund de este año, «Aquí estoy, envíame», nos evoca el relato bíblico de la vocación de Isaías, cuando el Señor pregunta: «¿A quién voy a enviar?», y el profeta responde: «¡Aquí estoy, mándame!» (Is 6, 8). Hoy, también el Señor sigue haciendo la misma interpelación: “¿A quién enviaré?”. Y espera nuestra respuesta no solo porque nuestros misioneros también necesitan un relevo en su quehacer, sino porque todos estamos llamados a participar activamente en la misión de Jesús. La oración, la reflexión y la ayuda material son oportunidades para participar con compromiso y generosidad.

La celebración de esta jornada mundial en nuestra Iglesia diocesana tiene este año connotaciones específicas, que os invito a vivir con alegría, gratitud y mayor compromiso, si cabe, con lo que este día significa. Nuestra Iglesia en Burgos tiene el carisma especial de la misión desarrollado por tantos laicos, religiosos y sacerdotes, que se han puesto en camino abriendo horizontes de universalidad a la fe. Por ello, es en nuestra ciudad donde se han llevado a cabo diversas actividades en vistas a lanzar la campaña nacional del Domund, 2020. Como ya sabréis, durante estos días, en el claustro bajo de la Catedral, hay una exposición alusiva a la misión de la Iglesia en los cinco continentes. El pasado día 4 presidí la Eucaristía en la parroquia de San José Obrero de Burgos, conmemorando el centenario del Instituto Español de Misiones Extranjeras, Asociación misionera ubicada allí desde su nacimiento y durante muchos años, y lugar donde tantas vocaciones misioneras se fueron configurando. Y como concienciación nacional, el pregón del Domund ha estado a cargo del Presidente del Club de Baloncesto «Hereda San Pablo Burgos» el 14 de octubre en la Catedral.

Enviamos hoy, desde nuestra Iglesia Burgalesa, el saludo agradecido, la admiración gozosa y el abrazo entrañable a todos nuestros misioneros que viven para anunciar el Evangelio con la palabra y con la vida en tantos lugares de la tierra. Ponemos sus deseos, proyectos y esperanzas bajo el amparo y protección de Santa María, Madre de Jesús. Que Ella nos conceda también a nosotros su disponibilidad interior para responder al Señor, en lo que entendamos que es su voluntad: «Aquí estoy, Señor, mándame» (cf. Is 6, 8).

 

+ Fidel Herráez Vegas
Administrador Apostólico de la archidiócesis de Burgos

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