Rincón Litúrgico

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (A)

Ya estamos en el final del año litúrgico y las lecturas de hoy nos invitan a estar vigilantes en la espera de la venida del Señor, que, en boca del Apóstol Pablo, nos dice que vendrá como un ladrón en la noche. Por eso, para nuestra reflexión personal y comunitaria, debemos reflexionar sobre si nuestra vida es fértil, si somos comprometidos y audaces en la misión y si somos fieles y cumplidores. A pesar de nuestros fallos, caídas y pecados, nuestros talentos debemos de multiplicarlo y salir de nuestra zona de confort para que el Espíritu nos transforme y así, podamos irradiar al mundo de la verdadera luz y del ejemplo coherente.

Primera Lectura del Libro de los Proverbios,

nos muestra que la verdadera riqueza del ser humano no está en la abundancia de cosas materiales, sino en la buena administración de lo que tenemos, de nuestra casa, abriéndonos a las necesidades de los que nos rodean, comprendiendo que todo es de Dios y que tenemos que hacer su voluntad. Esto no quiere decir que la tradición bíblica rechace ni desprecia el trabajo o el esfuerzo, sino que nos pide que seamos conscientes de que somos colaboradores en la obra que Dios nos ha regalado de quien procede todo.

Segunda Lectura de Pablo a los Tesalonicenses,

San Pablo escribe esta carta a los cristianos que se habían “despistados”. Han confundido la llegada del Reino de Dios, que es una realidad viva para los creyentes, y se han puesto en contar días y horas. No tenemos que tener miedo, como los que piensan que será de una forma catastrófica y que atemorizan a la humanidad, no. Los truenos y relámpagos no anuncian la venida del Señor. La venida del Señor se realizará en un tiempo determinado, pero desconocido. De ahí se deduce que los cristianos debemos de estar en continua vigilancia, en espera de la Venida del Señor. Por eso, Pablo nos invita a vivir de una forma confiada ese encuentro. Se nos examinará del AMOR que hayamos puesto en nuestras acciones y la forma de como hayamos tratamos a nuestro prójimo. ¿Aprobarías ese examen ahora?

Evangelio de Mateo,

Dios ha hecho al ser humano “señor de las obras de sus manos”, y para ello reparte sus dones sin acepción de personas, con una misión determinada por cumplir en su plan. Hemos recibido diversos dones y todo nos ha sido dado para la edificación en el amor. La falta de respuesta en un miembro del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, repercute en todos. El Reino de Dios se construye con espíritu de acogida a Dios, y con el esfuerzo para luchar contra todo lo que nos separa de su camino. Para Mateo, no caben excusas ni caraduras en que responden diciendo en que hay otros mejores o más capaces y que sean ellos los trabajen. Cada uno de los hijos de Dios es corresponsable de la Buena Noticia. Y lo mismo que el Maestro pasó por el camino de la Cruz, los discípulos debemos pasar por lo mismo y desterrar el miedo y las inseguridades para construir un mundo más Evangélico.

Que la Virgen María, en esta Jornada Mundial de los Pobres que estamos celebrando hoy, nos ayude a que seamos sembradores de justicia y de amor. Repartiendo no solo el dinero sino nuestro tiempo con los que nos necesitan.

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