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Rincón Litúrgico

DOMINGO XXV DEL ORDINARIO, B – SAN PÍO DE PIETRELCINA (23 septiembre 2012)

Guía litúrgica para la Familia de la Orden Franciscana Capuchina

1.      MONICION DE ENTRADA

Nos reúne el Señor en el domingo veinticinco del Ordinario del año. El Evangelio que vamos a escuchar comienza con estas palabras: «En aquel tiempo instruía Jesús a sus discípulos». Ahora, en la Eucaristía, Jesús nos quiere instruir a cada uno nosotros.

Dice San Marcos que los discípulos «no entendían aquello y les daba miedo preguntarle».

Nosotros, para entender mejor las enseñanzas de Jesús, vamos a mirar a un Santo de nuestros días: el sacerdote capuchino italiano Padre Pío de Pietrelcina, cuya fiesta se celebra hoy, en el cuarenta y cuatro aniversario de su muerte.

En la Eucaristía – son palabras del Padre Pío -: «Todo lo que aconteció en el Calvario acontece en el altar». Avivemos nuestra fe para celebrarla con fruto. Que nos acompañen y ayuden la Virgen María y San Pío de Pietrelcina.

 

2.      ORACIÓN DE LOS FIELES

 

Celebrante: Como he anunciado en la homilía, recordamos ahora las cinco frases con las que el papa Pablo VI resumió la vida del Padre Pío; y, en torno a ellas, elevamos nuestras súplicas al Señor. Responderemos a las peticiones:

 

POR INTERCESIÓN DEL PADRE PIO, ESCÚCHANOS, SEÑOR.

 

  • El Padre Pío «celebraba la Misa humildemente».

Que para todos los bautizados, y de modo especial para los sacerdotes, la Eucaristía sea el culmen y la fuente de la vida cristiana;

y, como enseñaba el Padre Pío, tratemos de participar en la Santa Misa con los sentimientos de la Virgen María, en el Calvario, al pie de la cruz de su Hijo,

OREMOS.

 

  • El Padre Pío «confesaba de la mañana a la noche».

Que los cristianos valoremos y celebremos bien y con frecuencia el sacramento de la reconciliación;

y, al celebrar la misericordia de Dios Padre que perdona y renueva con sus dones, nos comprometamos a perdonar al que nos ofende y a ser misericordiosos con todos,

OREMOS.

 

  • El Padre Pío era «hombre de oración».

Que en las familias cristianas se ore con sencillez y fervor, sobre todo el Rosario;

y los Grupos de oración del Padre Pío sean en el mundo, como él les pide, «levadura de Evangelio y faros de amor»,

OREMOS.

 

  • El Padre Pío era «hombre de sufrimiento».

Que nuestra sociedad se esfuerce por superar las causas evitables del sufrimiento de los hombres;

y los cristianos, cuando nos llegue el sufrimiento, sepamos vivirlo, en unión con Cristo, como medio de purificación para nosotros y de salvación para el mundo,

OREMOS.

 

  • El Padre Pío, por las llagas de Jesús en manos, pies y costado, era «representante verdadero de los estigmas de nuestro Señor».

Que todos nosotros, y los que han pedido nuestra oración, descubramos en los dones extraordinarios del Santo de Pietrelcina el poder y la bondad de nuestro Dios;

y, en el humilde y amado Padre Pío, encontremos consuelo en las dificultades y ayuda para caminar hacia la santidad,

OREMOS.

 

3.   HOMILÍA

 

–     En estas lecturas, sobre todo en el Evangelio, tenemos las instrucciones de Jesús a sus discípulos; instrucciones que, en esta celebración, son para cada uno de nosotros. Entre otras, podríamos fijarnos en dos:

  • La primera la tenemos en el Evangelio: «Quien quiera ser el primero – y todos estamos llamados a ser los primeros en el Reino de Dios – que sea el último y el servidor de todos».
  • La segunda la encontramos en la segunda lectura: «No lo alcanzáis – superar los conflictos, la avaricia, los deseos de placer desordenado… –, porque no lo pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal».

 

–     Hemos escuchado en la monición de entrada que estas instrucciones de Jesús hoy las queremos aprender mirando al Padre Pío, a San Pío de Pietrelcina.

  • Recordemos brevemente su vida. El Padre Pío nació el 25 de mayo de 1887 y murió, hace 44 años, el 23 de septiembre de 1968, a los 81 años de edad. Vivió las vocaciones de franciscano-capuchino y de sacerdote. Entre otros muchos dones que recibió del Señor, tuvo en manos, pies y costado, durante 50 años, las Llagas de Jesús crucificado. Y durante 52 años ejerció el ministerio sacerdotal en la pequeña ciudad de San Giovanni Rotondo, en el centro-sur de Italia, para hombres y mujeres que venían a él de todo el mundo. Su tumba, meta de peregrinación desde el día mismo de su muerte, es visitada en la actualidad por unos 8 millones de devotos al año. Fue beatificado por Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999 y canonizado por el mismo Papa el 16 de junio del 2002.
  • Posiblemente, el mejor retrato del Padre Pío es el que nos dejó el papa Pablo VI, a los pocos meses de la muerte del Santo,  en cinco frases, que recordaremos en la Oración de los Fieles y que motivarán nuestras peticiones al Señor en ese momento de la celebración.
  • Otro retrato acertado es éste de Donato Calabrese, en uno de sus muchos libros sobre el Padre Pío. Escribe así: «Fue un hombre sencillo, discreto, humilde, totalmente entregado a Dios y enriquecido con extraordinarios fenómenos místicos. Fue un taumaturgo excepcional, que no abandonó nunca el modo sencillo y discreto de actuar, aprendido del ejemplo admirable del Maestro de Galilea. Fue un profeta apasionado por la causa de Cristo, que, como otros muchos antes que él, fue humillado, maltratado y perseguido por los hombres de una Iglesia a la que él siempre ha llamado Madre, incluso cuando golpea…. Un santo que nos recuerda la existencia de Dios y su amor a los hombres, en un siglo marcado por ideologías que la niegan».

 

–     Nos fijamos ahora en cómo vivió el Padre Pío las dos enseñanzas de las lecturas de hoy, que antes he recordado:

  • 1ª: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos».

+  El Padre Pío pudo escribir, sin duda como alabanza al Señor, que estaba «devorado por el amor a Dios y el amor al prójimo».

ü  Ese amor a Dios, que devoraba el corazón del Padre Pío:

×        Era respuesta al amor de Dios, que el Santo logró percibir con total claridad; tanto que escribió en una carta de noviembre de 1922: «El Señor, desde mi nacimiento, me ha dado pruebas de una predilección especialísima».

×        La consecuencia para él fue muy sencilla: servir en todo y siempre a Dios; y, para hacerlo: buscar su mayor gloria y colaborar en su gran proyecto: la salvación de todos los hombres. Servir a Dios urgía al Padre Pío al rechazo absoluto del pecado y a buscar decididamente la santidad, siendo fiel a sus vocaciones de franciscano-capuchino y de sacerdote. Basten estos dos datos: – En sus cartas a los directores espirituales repite con frecuencia esta frase: «Prefiero mil veces la muerte antes que ofender al buen Jesús con la más leve falta voluntaria». – Y, en una carta de orientación espiritual, pide al destinatario que ore insistentemente al Señor  para que le conceda ser «un hijo menos indigno de san Francisco y ejemplo para sus hermanos».

+  Si estaba «devorado por el amor al prójimo»:

×        Es porque había comprendido que el amor a Dios lo debía vivir ante todo en el servicio a sus hermanos; y, además, que en relación a sus hermanos el Señor le había confiado una «misión grandísima».

×        Una misión que la concretaba de este modo: «Liberar a mis hermanos de los lazos de Satanás» y «llevarlos a participar de la Vida del Resucitado». Esta «misión grandísima» la cumplió de muchos modos: de forma especial con sus sufrimientos, que unía a los de Cristo por la conversión de los pecadores; con su oración por lo demás, sobre todo en la Santa Misa; y como confesor, ministerio al que dedicaba hasta 12 y 15 horas al día.

×        También en el Padre Pío esta «misión grandísima» tenía que llegar, y llegó, al hombre, formado de alma y cuerpo. Baste recordar, además de otras obras sociales que promovió, el gran hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, que inauguró el 5 de mayo de 1956, con 300 camas y que hoy tiene 1.200.

  • 2ª: «No lo alcanzáis, porque no lo pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal». Palabras que nos piden orar y orar bien.

+ü  El Padre Pío quiso ser – y ¡vaya si lo consiguió! – «un pobre fraile que ora».

+  No sabemos si dormía, porque en una ocasión pidió a Fray Modestino, capuchino de su mismo pueblo, que suplicara a la Virgen María la gracia de dormir al menos unos minutos porque llevaba meses sin hacerlo. Sí sabemos que, por la noche, antes de retirarse a su celda, pasaba muchas horas en el coro de la iglesia y que se levantaba a las 2 de la mañana para prepararse a la santa Misa, que celebraba a las 5, con tres horas de oración.

+  Sobre la oración nos ha dejado enseñanzas tan sencillas e importantes como éstas: – «La oración es el desahogo de nuestro corazón en el corazón de Dios»; – «La oración es la mejor arma que tenemos; es una llave que abre el corazón de Dios»; – «Ora y espera y no te inquietes; Dios es misericordioso y escuchará tu oración»; – «Salvar almas orando siempre»…

+  Su oración preferida, si excluimos la celebración de la santa Misa, era el Rosario. Es un misterio que pudiera rezar tantos rosarios al día, hasta 35 y más. ¿Le concedió el Señor, como dio a entender en cierta ocasión, la gracia de hacer tres cosas a la vez: confesar, rezar el Rosario y pasearse por el mundo, por el don de la bilocación?

+ Para promover lo que para él, al igual que para su Maestro, Jesús de Nazaret, era tan importante, fundó los Grupos de Oración que llevan su nombre. Grupos que, en vida del Santo, ya se habían extendido por los cinco continentes y que siguen creciendo en número y en frutos de vida cristiana. Y es que el Padre Pío les pide que esa oración que realizan en grupo vaya renovando su vida de seguidores de Jesús y les lleve a ser, en medio del mundo, «levadura de Evangelio y faros de amor».

 

–     San Pío de Pietrelcina, como todos los demás Santos, además de estimularnos con su ejemplo, puede y quiere ayudarnos con su intercesión. Intercesión que podríamos pedir con una de las súplicas que le dirigió el Papa Juan Pablo II el día de la canonización: «Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

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