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Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (A), por José Borja

Hoy, las lecturas nos hablan de que el perdón es el verdadero camino que toda persona debe recorrer, y nos presenta a un Dios que ama sin límites, sin cálculos. El perdón transforma al ofendido y al ofensor. Desde hoy, empecemos a experimentar lo que Dios mismo experimenta: la alegría de perdonar y la paz de ser perdonados de corazón. No podemos pedir perdón a Dios y sentirnos perdonados, si nosotros no hacemos lo mismo con nuestros hermanos.

La Primera Lectura del libro del Eclesiástico

Nos presenta cuestiones centrales e inevitables en toda experiencia humana y también en nuestra relación con Dios. Nadie está exento de pecar, todos hacemos el mal, consciente o inconscientemente, pero el pecado, la culpa, el perdón, la reconciliación están muy presente en nuestra vida. Se nos invita a que seamos consciente de todo esto, pero que no nos quedemos ahí, sino, que sepamos recorrer el camino para reconocer el mal que está en nuestro corazón, nuestro propio pecado, y acoger y perdonar a los demás, como queremos que nos perdonen a nosotros. De este modo, experimentaremos el perdón de Dios y la vida nueva que Él nos ofrece.

La Segunda Lectura de Pablo a los Romanos

La carta nos ofrece dos estilos de personas que conviven en la comunidad. Unos son fuertes en la fe, y otros son más débiles. Pablo, no hace un juicio moral sobre las cuestiones de que, si se puede comer carne o no, guardar escrupulosamente las fiestas judías o no. Para él, ninguna de esas actitudes es mala en sí misma. Lo que de verdad cuenta es el comportamiento de los hermanos frente a la comunidad. La comunidad no desprecia, ni juzga, ni condena a otros hermanos a pesar de tener puntos de vistas diferentes o nos guste más o menos. No podemos olvidar, que Jesucristo es el punto de unión en toda comunidad. Él es quien convoca y llama. La comunidad es el lugar de amor, respeto mutuo, aceptación y perdón. Todo lo que se salga de estas líneas, no es una comunidad.

En el Evangelio de Mateo

Nos muestra que hay que PERDONAR SIEMPRE. Al seguidor de Cristo, le caracterizan el perdón, la acogida, el aceptar al otro como es. Jesús cuenta en parábola, como ya sabemos, para ilustrar y enseñarnos estos valores, que él sabe que son difíciles de aprender. Nos cuesta mucho perdonar y olvidar. Quien perdona y no olvida, no está perdonando de corazón. Ese perdón es falso. Por eso, nos cuesta mucho perdonar. Dejamos que el orgullo se apodere de nosotros y nos llena de ira. Jesús, cuando nos cuenta una parábola, quiere que el que la escucha, se emocione y se identifique con los personajes y se sienta proyectado en alguno.

Por eso Mateo, incluye aquí una. Nos emociona que el rey actúe con misericordia y perdone al siervo; nos indignamos después al ver que el siervo sea tan malo con quien tiene deuda con él. Y después, viene la reflexión clave de este domingo: en muchas ocasiones, nosotros nos comportamos como el siervo malo y poco comprensivo… Dejemos que AMOR al prójimo sea el test verdadero de la fe, y el perdón al prójimo sea nuestra garantía viva del perdón de Dios. Que no nos cansemos de perdonar SIEMPRE.

Pidamos a la Virgen María, que nos ayude a ser dóciles a la misericordia de Dios e interceda por cada uno de nosotros para que seamos ejemplo de perdón cristianos en el mundo.

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