Rincón Litúrgico

Domingo XII del Tiempo Ordinario (A) , por José Borja

Hoy, volvemos a la nueva normalidad litúrgica y con ello, comenzamos también la “normalidad” a nivel social. Tras este tiempo de cuarentena y de estado de alarma, donde hemos celebramos una semana santa atípica, un tiempo de Pascua a media, y diferentes solemnidades adaptándonos a las directrices que nos iban aconsejando, como dije al principio, volvemos al tiempo ordinario, que nos ayudará a similar todo lo que hemos estado viviendo en este tiempo. En el evangelio de Mateo, Jesús nos invita hoy a no tener miedo. A vivir en la verdad, ser coherentes, fieles y a tener plena confianza en Dios.

No es fácil seguir a Jesús, porque la sociedad en la que vivimos más que ayudar lo que hace es ofrecernos otro plan más fácil, llamativo, pero, temporal y que no da la felicidad. De nosotros dependerá coger un camino seguro o ir a por lo temporal.

Lectura del profeta Jeremías

El profeta Jeremías, es perseguido y acosado por denunciar en nombre de Dios, la forma de actuar del pueblo de Israel y sus gobernantes. En esta situación desesperada, eleva a Dios su súplica. A pesar de la desolación y las burlas, su confianza en absoluta en Dios. No se deja llevar por la tristeza o la soledad. No teme a nada. Él sabe que Dios está con él y no tiene nada que temer. Que importante sería aprender de Jeremías, que, a pesar de los momentos de dificultad, nos dejáramos guiar por Cristo y confiar más fuertemente en Aquel que no abandona.

Salmo: “Que me escuche tu gran bondad, Señor”

En la lamentación de un pobre que sufre y acude a Dios resuena la voz de Jesús en su Pasión y el dolor de cuantos, como Jesús acuden a Dios en sus sufrimientos y esperan que buscando al Señor que escucha a sus pobres, vivirá de nuevo su corazón como Jesús volvió a la vida después de su pasión.

De la Carta de Pablo a los Romanos

Nos habla del pecado y de su efecto sobre la humanidad, pero igualmente nos presenta a Jesús como autor de la gracia, vencedor del pecado y capaz de ofrecernos la vida eterna. No podemos olvidar que lo mismo que Cristo nos redime con su Sangre. Nos perdona, nos salva y nos hace personas nuevas. La Gracia santificante vence al pecado.

El Evangelio de Mateo

De los cinco discursos que tiene Mateo, este es uno de ellos. Jesús, recomienda a los apóstoles y nos recomienda hoy a nosotros, que no tengamos miedo. La fe es el mejor antídoto para el miedo. Cuantos más cercanos nos encontramos de Dios, más lejos están los temores. Jugar en el “equipo” de Jesús, es hacer vida el Evangelio. Es ser reflejo de Cristo en nuestros ambientes y con nuestros actos. Que, pese a las dificultades, seamos siempre sus testigos fieles y esa caricia de Dios que tantas personas necesitan para empujarlas a que se unan al “equipo” de Cristo. Y que mejor contagio para la humanidad, que el ejemplo fiel de los que nos llamamos seguidores de Cristo. Que nuestra vida sea un Evangelio Vivo en nuestra sociedad.

Que la Virgen, nuestra Madre, nos ayude a no tener miedo de seguir a su Hijo a pesar de las contrariedades que nos podamos encontrar en nuestro camino diario.

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