Abrazo
Rincón Litúrgico

Domingo VI del Tiempo de Pascua, por José Borja

Este tiempo de Pascua, va alcanzando su objetivo. Que descubramos en este tiempo de pandemia a Cristo Resucitado que sale a nuestro encuentro, que quiere invadir nuestra vida y contagiarla de la Alegría desbordante de la Pascua. El próximo domingo, celebraremos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, y por eso, Jesús hoy, nos recuerda que el Espíritu Santo está cerca. Que viene a nosotros para quedarse y darnos fuerzas para luchar. Abramos nuestro corazón y dejémonos llenar del Espíritu.

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, vemos como nos cuenta que el recién ordenado diácono Felipe, empieza un apostolado el Samaria. Que predica allí, en ese lugar que la tenían por extranjero. Vemos también que era tal la “desconfianza” hacia ese lugar, que Pedro tiene que ir allí a confirmar la fe.
Aquí vemos ya los dos primeros sacramentos de la iniciación cristiana: el bautismo y la confirmación. El diácono Felipe evangeliza y bautiza. Pedro y Juan confirman con la efusión del Espíritu mediante la imposición de las manos.

Salmo 65: “Aclamad al Señor, tierra entera”. Nos muestra cómo debemos contemplar las maravillas de Dios en favor de los hombres.
En Israel transformó el mar en tierra firme, y para nosotros, nos da la salvación por los sacramentos.

En la segunda lectura del Apóstol Pedro, nos invita a dar testimonio de nuestra esperanza en nuestra vida, nuestro entorno. Un testimonio que viene animado por la fuerza del mismo Espíritu que hizo que Cristo volviera a la vida Resucitada.

En el Evangelio de Juan, Jesús nos promete que no nos dejará desamparados, que su Espíritu nos cuidará y ayudará a seguir sus pasos, hasta alcanzar el abrazo amoroso del Padre. Anuncia el envío y la presencia del Espíritu Santo. No estamos solos. El Espíritu es el defensor. Él es quién nos anima e impulsa diariamente. Él, acompaña y sostiene a la Iglesia en todos los momentos. El Espíritu genera en nosotros un estilo de vida nuevo. Si lo dejamos actuar, otro mundo es posible. Dios no abandona nunca a los suyos, aunque aparentemente pueda parecer lo contario. Dejemos a un lado lo que nos separa de Dios y pensemos en esos momentos en los que el Espíritu nos ha empujado y salvado de tantas situaciones y hemos visto la mano de Dios en nuestra vida.

Pidamos a la Virgen, Madre de quién es el Canto a la Vida, que nos ayude en estos momentos de enfermedad y de luz a los científicos para que puedan encontrar pronto una solución.

Print Friendly, PDF & Email