Rincón Litúrgico

Domingo IV de Pascua, por José Borja

Hemos comenzado el mes de mayo, mes de nuestra Madre la Virgen María. Y hoy es un domingo que popularmente llamamos del “Buen Pastor”. Por eso, la liturgia nos presenta a Jesús como el único y supremo Buen Pastor, que guarda y reúne a sus ovejas, y, como la Puerta para entrar en el Reino de Dios. Celebramos la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sacerdotales y pidamos al Señor que mande jóvenes dispuestos a entregar la vida por el rebaño, y por las personas que ayudan a esos jóvenes.

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, Pedro anuncia que Dios constituyó a Jesús: Señor y Mesías. Reconocer a Jesús, muerto y resucitado, como Señor y Mesías, lleva a la conversión de fe en Él y al bautismo en su nombre. Aceptar ese mensaje es el medio para alcanzar la salvación. Y por supuesto, es un compromiso el proclamar la Resurrección de Cristo, ya que es fuente de un constante crecimiento de la Iglesia, alentada por el don del Espíritu que se derrama sobre todos los que hemos sido Bautizado. Por eso, al participar de la Eucaristía, proclamamos el misterio de la Resurrección que se traducirá en nuestra vida como continua conversación.

Salmo: “El Señor es mi Pastor nada me falta”.
Es uno de los salmos más bonitos y sobre todo, esperanzador. El Señor es nuestro Pastor, él nos lleva a las fuentes tranquilas, somos partes de su rebaño. Qué bonito sería si cada día al levantarnos dijéramos: “aunque camine a oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”.

En la Carta del Apóstol Pedro, nos recuerda que tenemos que ser auténticos seguidores de Cristo, y el mejor testimonio es amándonos los unos a los otros. El sufrimiento del cristiano en este mundo a veces, como nos dice la lectura puede ser el “destierro”, y aunque se trate de un sufrimiento no merecido, procede de hacer el bien. Es decir, aquí se mezcla el Pastor y el Siervo que se inmola. Y si somos de la Verdad, aunque nos rechacen, debemos permanecer en él. Porque esa es la mayor prueba para saber si somos realmente seguidores.

En el Evangelio de Juan, como hemos dicho al principio, hoy Jesús se nos presenta de dos formas: como el Buen Pastor y como la Puerta que nos facilita en encuentro con el Padre. Y por consiguiente, Dios sale por esa Puerta a nuestro encuentro.  Aquí no estamos hablando de que pasemos por el aro, como si estuviéramos en una “cadena de montaje” sino que Jesús nos pide que pasemos con él, por esa puerta que abre al mundo a la esperanza, al amor, a la fraternidad. Y que mejor ejemplo, que el de su misma vida. Y ya desde esa perspectiva de “seguidores” podremos pasar por la Puerta que es el camino directo a Dios para poder testimoniar al mundo que Cristo es el Pastor que cuida de nosotros y que nos conoce personalmente.

Pidamos a la Virgen, en este mes de mayo, que nos ayude a poder escuchar la voz de nuestro Pastor, y que acoja a todos los enfermos y difuntos que han partido de este mundo por culpa de la pandemia que estamos viviendo en nuestro mundo.

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