El Papa Francisco a Estados Unidos Especiales Ecclesia Papa Francisco

Discurso final del Papa Francisco en su despedida de Estados Unidos de América (27-9-2015)

“¡Que estos días que hemos pasado juntos produzcan frutos duraderos!»

Discurso del Papa Francisco a los organizadores, voluntarios y benefactores del VIII Encuentro Mundial de las Familias en el aeropuerto internacional de Filadelfia (27-9-2015)

Queridos amigos:

Los días que he pasado con vosotros han sido breves, pero han sido días de gran gracia para mí, y espero que también para vosotros. Sabed que, mientras me dispongo a partir, lo hago con el corazón lleno de gratitud y de esperanza.
Estoy agradecido a todos vosotros y a las muchas otras personas que han trabajado tan intensamente para hacer posible mi visita y para preparar el Encuentro Mundial de las Familias. Doy las gracias, de especial manera, a la archidiócesis de Filadelfia, a las autoridades civiles, a los organizadores y a todos los numerosos voluntarios y benefactores que han contribuido en la medida de sus posibilidades.
Doy también las gracias a las familias que han compartido su testimonio durante el Encuentro. ¡No resulta, desde luego, muy fácil hablar abiertamente sobre el propio itinerario de vida! Pero su sinceridad y su humildad ante el Señor y ante cada uno de nosotros nos ha mostrado la belleza de la vida familiar en toda su riqueza y diversidad. Rezo para que nuestras jornadas de oración y de reflexión sobre la importancia de la familia para una sociedad sana impulsen a las familias a seguir comprometiéndose por la santidad y a considerar a la Iglesia como su fiel compañera, sean cuales sean los desafíos que tengan que afrontar.
Al término de esta mi visita, quisiera también dar las gracias a cuantos prepararon mi estancia en las archidiócesis de Washington y de Nueva York. Fue particularmente emocionante para mí canonizar a san Junípero Serra, que nos recuerda a todos la llamada a ser discípulos misioneros, y también me conmovió mucho poder estar, con mis hermanos y hermanas de otras religiones, en la Zona Cero, lugar que nos habla con tanta elocuencia del misterio del mal; pero nosotros sabemos con certeza que el mal nunca tiene la última palabra y que, en el designio misericordioso de Dios, el amor y la paz triunfan sobre todo.

Señor vicepresidente:  Le ruego reitere la expresión de mi gratitud al presidente Obama y a los miembros del Congreso, junto con la seguridad de mis oraciones por el pueblo estadounidense. Esta tierra ha sido bendecida con dones y oportunidades enormes. Rezo para que todos ustedes sean buenos y generosos administradores de los recursos humanos y materiales que les han sido encomendados.

Doy gracias al Señor por haber podido ser testigo de la fe del Pueblo de Dios  de este país, fe que se ha manifestado en los momentos de oración que hemos compartido y que se ha puesto de relieve en tantas obras caritativas. Dice Jesús en las Escrituras: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40). Vuestro desvelo por mí y vuestra generosa bienvenida son un signo de vuestro amor a Jesús y de vuestra fidelidad a él. Lo mismo cabe decir de vuestra atención a los pobres, a los enfermos, a los sin techo y a los inmigrantes, de vuestra  defensa de la vida en todas sus fases y de vuestra preocupación por la vida familiar. En todo esto reconocéis que Jesús está entre vosotros y que vuestro desvelo recíproco es desvelo por el propio Jesús.

Al despedirme, pido a todos vosotros, y especialmente a los voluntarios y a los benefactores que habéis aportado vuestra ayuda al Encuentro Mundial de las Familias,que no se apague vuestro entusiasmo por Jesús, por su Iglesia, por nuestras familias y por esa familia más amplia que es la sociedad. ¡Que estos días que hemos pasado juntos produzcan frutos duraderos, y que la generosidad y la atención a los demás no decaigan! Como es tanto lo que hemos recibido de Dios —dones que se nos han dado gratuitamente, y no por nuestras fuerzas—, demos, a nuestra vez, gratuitamente a los demás.

Queridos amigos: A todos os abrazo en el Señor y os encomiendo a la atención maternal de María Inmaculada, patrona de los Estados Unidos. Rezaré por vosotros y por vuestras familias, y os pido, por favor, que recéis por mí. Que Dios os bendiga a todos. ¡Que Dios bendiga a América!

(Original inglés procedente del archivo informático de la Santa Sede; edición de ECCLESIA)

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