Papa Francisco

Discurso del Papa Francisco al personal de la FAO

Saber ir más allá de los papeles

Discurso del Papa Francisco al personal de la FAO (20-11-2014) Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra reunirme con ustedes, que prestan su labor al servicio de la FAO, esta importante organización de las Naciones Unidas. Los saludo a todos con afecto y les deseo a cada uno de ustedes una vida en armonía con quienes forman parte de su familia y en todos los ambientes en que se desarrolla su vida diaria. Mediante su labor, a menudo oculta pero muy valiosa, ustedes establecen contacto con los diferentes actos ordinarios y extraordinarios encaminados a la promoción de políticas productivas en el sector agrícola y a la lucha contra la malnutrición. En concreto, tienen ustedes la posibilidad de conocer de cerca  las problemáticas y  los sufrimientos de unos pueblos que tienen derecho a una mejora de sus condiciones de vida.
Les doy las gracias por su servicio en esta entidad internacional, que se plantea el objetivo de reducir el hambre crónica y de desarrollar en todo el mundo los sectores de la alimentación y de la agricultura. Sé que ustedes abrigan un espíritu de solidaridad y de comprensión hacia todos, y que saben ir más allá de los papeles para vislumbrar, detrás de cada expediente, los rostros   apagados y las situaciones dramáticas de personas aquejadas de hambre y de sed. El agua no es gratuita, como a menudo creemos: será el gran problema que podrá llevarnos a una guerra. En todo ambiente público e institucional –especialmente en el de ustedes–, hay una gran necesidad de personas que se distingan no solo por su profesionalidad, sino también por un sentido acusado de humanidad, de comprensión y de amor. Los invito a ser solícitos y solidarios con los más débiles, siguiendo el ejemplo de Jesús, que cargó con los sufrimientos y con los males de la humanidad; a no desanimarse ante las dificultades y a estar siempre dispuestos a apoyarse unos a otros, para mirar así al futuro con esperanza. Su trabajo oculto mira a las personas –hombres, mujeres, niños, abuelos, abuelas–, personas hambrientas. Y, como he dicho recientemente, no nos piden más que dignidad. ¡Nos piden dignidad, no limosna! Esta es la labor de ustedes: ayudar a que les llegue la dignidad. Les aseguro mi oración y pido a cada uno de ustedes que rece por mí y por mi servicio. ¡Gracias!

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

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