Santa Sede

Discurso del cardenal Koch en la vigilia ecuménica presidida por el Papa en San Pablo Extramuros de Roma

Benedicto-XVI-San-Pablo-Extramuros

Santo Padre: En la celebración de las Vísperas que marcan la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, le dirijo un saludo cordial en nombre de todos los que están reunidos en oración en la Basílica.

Deseo mencionar en particular la presencia de los representantes de las Iglesias y de las Comunidades eclesiales de Roma, del representante del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, del representante del Arzobispo de Canterbury en Roma, de los docentes y estudiantes del Instituto Ecuménico de Bossey, de los estudiantes ortodoxos y ortodoxos orientales, becarios del Comité de Cooperación Cultural con las Iglesias ortodoxas.

Aquí con nosotros están también los miembros de la Comisión Mixta del diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, que se reunió en Roma para su sesión plenaria. La presencia de tantos bautizados en esta liturgia de las Vísperas testimonia que su invitación a orar por la unidad ha sido recibida con mucho agrado.

Estamos profundamente agradecidos con usted, Santo Padre, por querer presidir esta celebración, manifestando así, una vez más, su gran y profundo anhelo de avanzar en el camino ecuménico, que muestra al mismo tiempo Su responsabilidad como sucesor de Pedro – también y sobre todo – como servicio a la unidad de los cristianos. En el Año de la Fe, que estamos viviendo, la Oración por la Unidad de los Cristianos adquiere un matiz especial.

Nos invita y nos anima a hacer nuestra la tarea de volver a verificar y profundizar en los fundamentos de la fe de la responsabilidad ecuménica: la búsqueda de la unidad de los cristianos no es simplemente una aspiración humana, sino que corresponde a la voluntad de nuestro Señor. Es la unidad «que el Señor nos exige» (Miqueas 6, 8).

El hecho de que se celebre la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la fiesta de la Conversión de San Pablo nos ofrece un camino importante, señalando que sin la conversión del corazón, no puede haber ecumenismo verdadero y que el elixir del ecumenismo consiste en la oración, el ayuno y la conversión. Al igual que Pablo experimentó la transformación fundamental de su vida en su encuentro personal con Cristo resucitado, también nosotros, como cristianos divididos y como Iglesias divididas, podemos acercarnos los unos a los otros si nos convertimos juntos en Jesucristo.

Hacia esta conversión a Cristo, usted, Padre Santo, nos impulsa constantemente. Por lo que le agradecemos por la oportunidad de orar junto con Usted esta tarde por la unidad de los cristianos, fortaleciéndonos en nuestro en nuestro compromiso ecuménico. Le rogamos de corazón que nos conceda Su bendición apostólica
(CdM-RV)

 

 

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.