Opinión

Discernir: un ejercicio necesario

La sinodalidad es una premisa imprescindible en todo proceso eclesial que desee implicar a los distintos miembros que integran el Pueblo de Dios. Sin embargo, si no va acompañada de un ejercicio de discernimiento, la participación corre el riesgo de derivar en una simple asamblea en la que triunfan las visiones de quienes mejor han sabido exponer sus argumentos.
La nota distintiva del discernimiento radica en que todos nos ponemos en actitud de escucha ante Dios y ante los demás y planteamos nuestra reflexión, desde el diálogo, a la luz de la fe e invocando la sabiduría que solo da el Espíritu. Precisamente por ello, en el proceso que hemos abierto con motivo del Congreso Nacional de Laicos, ambas notas —sinodalidad y discernimiento— han sido concebidas como inseparables. Transcurrido más de año y medio desde que se planteara por primera vez lo que entonces era un sueño, y a dos meses de la celebración del Congreso, estamos percibiendo (en los 2.500 grupos que han participado en el trabajo del documento-cuestionario preparatorio del mismo, en las diferentes comisiones encargadas de la logística y de los contenidos y en la Comisión Ejecutiva) que toda esta ingente tarea está respondiendo a lo que hemos discernido en este tiempo; estamos comprendiendo que el Congreso y todo lo que implica era necesario y está llamado a seguir dando frutos; nos estamos convenciendo de que algo nuevo está brotando en relación con la vivencia de la vocación y la misión de los fieles laicos. No en vano, estamos observando que todo ello es obra de Dios.

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