Carta del Obispo Iglesia en España

Dios providente, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Dios providente, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Jesús invita a sus discípulos a vivir la fe en Dios Padre, desde la fidelidad a sus promesas y desde la confianza ilimitada en su providencia.

A quienes quieran ser sus discípulos, les pedirá un abandono filial en la Providencia del Padre celestial que cuida y vela constantemente por las más insignificantes necesidades de sus hijos: “No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer o qué vamos a vestir? Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura” (Mat 6, 31-33).

Al referirse a la “providencia divina”, el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que esta consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas al cumplimiento de su fin último. Dios guarda, gobierna y cuida de todo lo creado, desde las cosas más insignificantes hasta los más grandes acontecimientos del mundo y de la historia: “Nuestro Dios es poderoso y todo lo que quiere lo hace”.

La Madre Teresa de Calcuta, con sus gestos de cariño a los pobres, nos ayudó a entender el sentido de la verdadera confianza en la providencia divina. “La confianza en la divina providencia –dirá ella- es la fe firme y viva en que Dios nos puede ayudar y lo hará. Que nos puede ayudar es evidente, porque es omnipotente. Que nos ayudará es seguro, porque lo ha prometido en muchos lugares de la Sagrada Escritura y es fiel a todas sus promesas” (YOUCAT 49).

Ante estas enseñanzas evangélicas y ante el testimonio de los santos, deberíamos preguntarnos: ¿Confiamos de verdad en Dios providente? Para responder a esta pregunta, no debemos olvidar que la mayor dificultad del hombre de hoy para aceptar la “providencia divina” está en la pretensión de ser dios sin Dios o al margen de Dios. Cuando la persona no acepta su condición de criatura limitada y finita, se engaña a sí misma y olvida que su existencia está totalmente en las manos de Dios.

Ciertamente no somos marionetas en las manos de Dios, pues Él no pretende manejarnos a su antojo a lo largo de la vida. Nos creó libres y respeta escrupulosamente nuestra liberta, aunque no dejará de invitarnos a participar de su providencia mediante el cuidado de la tierra y el perfeccionamiento de la creación para que ésta pueda ser útil para nosotros y para las generaciones futuras. Dios no sólo nos ha regalado la existencia, sino que nos concede también la dignidad de actuar en comunión con Él, colaborando así a la realización de su designio sobre el hombre y sobre la creación.

En nuestros comportamientos con Dios, con nuestros semejantes y con la creación, no deberíamos olvidar nunca que la actuación de Dios en sus criaturas no disminuye ni merma en nada la libertad humana ni su dignidad. Al contrario, nos ayuda a la plena realización personal, pues el ser humano no puede alcanzar su fin separado del origen, de la fuente de su ser, y sin la ayuda de la gracia divina.

Con mi recuerdo ante el Señor, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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