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Dios perdona siempre, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

Dios perdona siempre, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, sólo puede encontrar la felicidad y la plenitud de sentido, durante la peregrinación por este mundo, si escucha su voz, descubre su presencia y se dispone a seguir su voluntad. Por eso, cuando la persona pretende hallar la felicidad en el dinero, el placer o el poder, olvidándose de Dios y de los hermanos, con el paso de los días experimenta la tristeza, el desánimo y la pérdida de sentido.

El olvido de la dimensión trascendente de la vida y la cerrazón en los propios intereses incapacitan al ser humano para abrir el corazón a Dios, para experimentar el gozo de su amor, para trabajar con entusiasmo por la consecución del bien común y para encontrar respuestas que ofrezcan plenitud de sentido a su peregrinación por este mundo.

En nuestros días, muchos hermanos, por razones diversas, se han olvidado de Dios y han caído en la indiferencia religiosa. Como consecuencia del apego a las criaturas o a los cosas materiales, bastantes bautizados no encuentran tiempo para pararse, hacer silencio y escuchar con sosiego la voz de Dios. En ocasiones, debido a este alejamiento progresivo del Omnipotente, algunos ya no sienten la necesidad de buscar su rostro misericordioso ni de experimentar su presencia salvadora.

Para estos hermanos, el camino de la conversión tendrá como punto de partida la decisión firme de salir de la indefinición en que se encuentran para ponerse nuevamente en el camino de la escucha y del seguimiento del Maestro, reanudando así una nueva relación de amor con Él. Quienes, por razones diversas, no experimentan ya la necesidad de Dios en sus vidas deberían pararse a pensar que Jesús conoce sus dolencias y los quiere hasta dar la vida por ellos.

Ahora bien, si somos sinceros con nosotros mismos y nos preguntamos por nuestra relación con Dios y con los hermanos, descubriremos con dolor que en algún momento de la vida hemos caído en el conformismo religioso, nos hemos dejado arrastrar por los engaños del tentador y hemos huido del amor de Dios para prestar adoración a los ídolos. Asumir con humildad y verdad nuestra condición de pecadores nos ayuda a ponernos ante el amor misericordioso de Dios para experimentar la alegría de su perdón

Tanto quienes viven alejados de Dios como quienes nos hemos estancado en la rutina espiritual, necesitamos detener el paso para descubrir que Jesús espera siempre el momento en que podamos percibirlo como compañero de camino, aunque Él siempre está con nosotros y junto a nosotros. Si pasamos por circunstancias adversas en la vida, no olvidemos nunca que Jesús quiere hacerse solidario con nuestros sufrimientos y nunca nos dejará solos, aunque todos nos abandonen. En cualquier situación de la vida, hemos de tener presente que Dios perdona siempre y no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.

Desde la experiencia de este amor misericordioso de Dios, el papa Francisco nos invita a renovar ahora mismo el encuentro personal con Cristo, en cualquier lugar o situación en que nos encontremos o, al menos, a tomar la decisión de dejarnos encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso (Cfr. EG 3). ¡Qué distinta sería nuestra vida cristiana, si aceptásemos de corazón que esta invitación del Señor es para cada uno de nosotros!

Con mi cordial saludo y bendición, feliz día del Señor.

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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