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Dios no desea muros entre los pueblos, afirma el cardenal Norberto Rivera (México) en la festividad de San Juan Diego

Dios no desea muros entre los pueblos, afirma el cardenal Norberto Rivera (México) en la festividad de San Juan Diego

– Al celebrar una Santa Misa con motivo de la Fiesta de San Juan Diego, el arzobispo de México, Cardenal Norberto Roberto Carrera agradeció al santo indígena por enseñarnos a confiar en la voz de Santa María de Guadalupe.

Este 9 de diciembre, el arzobispo de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, acudió a la Antigua Parroquia de Indios, el templo más antiguo de la Villa de Guadalupe, para celebrar una Santa Eucaristía con motivo de la Festividad de San Juan Diego, misma que fue concelebrada por el Rector de la Basílica de Guadalupe, Mons. Enrique Glennie Graue; por el Obispo Auxiliar de la I Vicaría Episcopal, Mons. Florencio Armando Colín Cruz, y por miembros del Venerable Cabildo de Guadalupe.

Danzas prehispánicas y una representación artística de la conquista y el proceso de evangelización de América fueron el preámbulo de esta Santa Misa, en la que el Card. Rivera Carrera dijo que es necesario transformar este mundo haciéndolo parte de la civilización del amor de Dios. “El Acontecimiento Guadalupano es la síntesis del mundo cultural y religioso precolombino y el cristiano llegado de Europa, transformado evangélicamente; Dios hizo de estos dos pueblos uno solo. Ante la riqueza del Evangelio de Cristo, caen las barreras que levantan las diversas culturas, porque la salvación abarca a todos como un proyecto eterno y divino, fraguado y llevado a término en la caridad; Dios ha apostado por el amor, para que esos muros, esas barreras no existan entre los pueblos”.

Explicó que hoy se celebra el día en que san Juan Diego vio a la Virgen de Guadalupe, el día en que Jesús entró en nuestra historia y tocó estas tierras por medio de su Madre, dando origen a una perfecta inculturación. “En aquel año, 1531, la señales con las que el obispo fray Juan de Zumárraga se convenció de la verdad de las apariciones de Santa María de Guadalupe, fueron las flores, la imagen impresa en la tilma y el constatar la curación milagrosa del tío anciano de san Juan Diego; otro punto importante de este testimonio fue la elocuente conversión de millones de indígenas de forma inmediata; y hasta la fecha sigue siendo un ejemplo insuperado de lo que san Juan Pablo II calificó como “evangelización perfectamente inculturada”.

Finalmente, el Arzobispo de México agradeció a san Juan Diego por continuar ayudándonos a construir juntos esta “Casita sagrada”, edificación del inmenso y misericordioso Amor de Dios. “Gracias por enseñarnos a confiar en la voz de Santa María de Guadalupe, quien nos indica que hagamos todo lo que Él nos diga. Gracias por tomar nuestro corazón y llenarlo de la fortaleza de tu fe, de tu paciencia, de tu esperanza y de tu amor. Gracias por ser nuestro modelo de humildad y de pureza. Gracias por ser nuestro hermano, que no sólo nos da testimonio de su fe, sino que acrecienta aún más la nuestra”.

Fuente: Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México

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