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Dinero, vanidad y habladurías: El Papa alerta de tres problemas que enfrentan a la Iglesia

El Papa Francisco ha pedido en la misa diaria de este martes en Santa Marta, para que, en este tiempo de pandemia y caracterizado por un nuevo silencio, podamos crecer en nuestra capacidad de escucha. Además, ha invitado a valorar la oportunidad que nos ofrece el silencio de este período de pandemia: «En este tiempo hay tanto silencio. Incluso se puede oír el silencio. Que este silencio, que es un poco nuevo en nuestros hábitos, nos enseñe a escuchar, nos haga crecer en nuestra capacidad de escucha».
En su homilía, Santo Padre ha explicado cómo los miembros de la primera comunidad cristiana «tenían un solo corazón y una sola alma y nadie consideraba lo que les pertenecía como su propiedad, porque entre ellos todo era común y nadie estaba necesitado». Algo que Francisco ha anunciado solo es capaz de hacer el Espíritu. «La primera comunidad cristiana es un modelo, un ideal, un signo de lo que puede hacer si somos dóciles. El Espíritu crea armonía».

Tentaciones mundanas

Después es cuando vienen «los problemas» y las actitudes que el Papa ha diagnosticado como enfermedad de la Iglesia. «Muchas veces en la historia de la Iglesia, donde existen divisiones doctrinales, detrás está el problema del dinero», ha explicado preocupado. «¡Cuántas familias se han dividido por una herencia! ¡Cuántas familias no se hablan más por una herencia!». Como contraposición, ha explicado que «la pobreza es la madre de la comunidad. Es el muro que cuida a la comunidad».
Por otro lado, la vanidad, ha dicho el Pontífice, es «el deseo de sentirse mejor que los demás. A menudo repetimos la oración del fariseo: te agradezco Señor, porque yo no soy como los otros». «¡Cuántas veces la propia celebración de un sacramento es un ejemplo de vanidad! Ir con un vestido mejor que el otro, quién hace la fiesta más grande»
Por último, el Papa ha definido las habladurías como una actitud «que el diablo mete en nosotros y nos genera la necesidad de hablar mal de los demás. Decimos que una persona es buena y luego añadimos el ‘pero’, que es una piedra sobre el otro», ha aseverado.
Por estas tres actitudes, es solo el Espíritu «quien viene a salvarnos de estas tentaciones mundanas. Pidamos al Señor la docilidad al Espíritu Santo para que nos transforme y transforme nuestras comunidades para que estén en armonía».

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