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“Dime centinela, ¿qué ves en la noche?” Metáfora para intentar ver a través de la noche de los emigrantes

“Dime centinela, ¿qué ves en la noche? ” Metáfora para intentar ver a través de la noche de los emigrantes, por José Luis Pinilla

Amanece. No se puede llegar al alba sino por el sendero de la noche.

Hoy he tardado en dormirme. En la cumbre de la noche, subí a la terraza. Jugué a ser centinela. A imaginarme figuras a descubrir en la noche. Hoy me imaginaba que las luces de neón que veía en la noche madrileña eran como las velas en el mar de la fiesta de Loy Krathong en el sudeste de Asia.

Y expresé un deseo: descubrir la luz de la esperanza ante las miles de noches que viven -abandonados a su suerte- miles y miles de refugiados. Son fugitivos de la vida imposible que caminan errantes, perseguidos por las bombas del hambre y de las otras… Luego marché a dormir.

Son ya casi cuatro meses de la muerte de Aylan, cuya imagen sobre la arena de una playa turca impactó a la sociedad internacional como si fuera un golpe seco en la puerta de la Europa Central y de Occidente que dijera: “Estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa, y cenaré con él y él conmigo”. Me parece adecuada la frase en este tiempo de adviento. En el día mundial de las Migraciones.

Por el Sur, ya sabíamos de los “muchos Aylanes” -vivos y muertos- que llevaban mucho tiempo llamando a la puerta. Se ve que a las puertas del Norte hay que llamar más fuerte. Habrá que seguir haciéndolo.

Por el camino de estos meses, hemos visto delegar funciones de la UE en Turquía, y ya nadie se acuerda de las miles de personas que se iban a reubicar en el continente. 17.000 que iban a venir a España. Solo llegaron 12. Pero 200 siguen llegando diariamente a nuestras costas. Y son invisibles.

Hace casi cuatro meses del descubrimiento de 71 emigrantes asfixiados en el llamado “camión-patera” -un medio de una red de traficantes ¡europeos!- a las puertas de Viena.

Merkel, la voz de Europa en este tema, conmocionada por el suceso, hablaba entonces de la necesidad de que “esta tragedia nos debe empujar a resolver el problema de los refugiados con rapidez y con el espíritu de solidaridad de los valores europeos”. Pero,acaba de terminarse la reunión del último Consejo Europeo del año. Es la sexta cumbre desde los sucesos de hace cuatro meses:  Sin respuesta para Aylan, el camión frigorífico, los niños muertos en el Mediterraneo, las bodegas de barcos donde los refugiados tienen que pagar por subir a cubierta etc etc

Ya entrada la madrugada del 18 de Diciembre, es decir, al alba del día internacional del emigrante, el Presidente del Consejo Europeo lo “ha celebrado” –es un decir– con declaraciones donde dice que hay déficits en la política europea de migraciones (sic) pero, sobre todo, que estamos fallando en los blindajes fronterizos. Oía esto en el noticiario matutino a la vez que se comunicaba la dotación de grandes recursos para una nueva policía de FRONTEX. ¡Je, je! Es decir, una serie de respuestas “rápidas y solidarias según los valores europeos” que proponía Merkel (quizás la dirigente europea más sensible a este tema). Por no citar las posturas de otros dirigentes de Europa. No solo ha muerto Aylan . Ha muerto la Europa de los valores. Porque ya han muerto al menos otros 120 “Aylanes”, desde el hermano del propio pequeño, que se llamaba Galip y que tenía 5 años, hasta los últimos 6 cadáveres contabilizados oficialmente, recuperados el pasado viernes 27 de noviembre en las costas griegas.

Marché al trabajo. Y  encendí la tercera vela de adviento que tengo en el lugar donde trabajo. Y me decía: “No me pueden robar la esperanza. Como no me pueden robar las estrellas que al comienzo del día veo diluirse. Y no me pueden robar la Belleza de la dignidad en tantos rostros de refugiados y emigrantes. ¡Sí, la Belleza! Y, por supuesto, ¡No me pueden robar la Esperanza! Me podrán robar el dinero y la tarjeta bancaria (hace dos días me lo hicieron), pero no me podrán robar la identidad. Ni a mí ni a ellos. Aunque los muchos lo pretendan.

Mi vela de adviento sigue encendida justo cuando estos días tantas culturas han organizado tantos festivales de la luz. Ayer recordaba y celebraba el Festival de la Luz y la Navidad con mis amigos musulmanes, judíos, ortodoxos, anglicanos y de otras confesiones en la Casa turca de Madrid. Lo habíamos hecho también en la Fiesta Musulmana del Cordero. Y, recogiendo fotografías para un trabajo, disfrutaba de las que veía de la fiesta de Loy Krathong con velas que flotan en el agua para dar gracias. Y que yo imaginaba al pasear mi insomnio por la terraza en la noche madrileña.

Protegía mi débil llama de la esperanza en la corona de adviento, al leer los datos recogidos en el Mensaje del Dia mundial del emigrante del Director General de la OIM William Lacy Swing

“A menudo he descrito nuestro tiempo como una tormenta perfecta de emergencias humanitarias, lo que incluye en la actualidad una movilidad humana sin precedentes. Casi uno de cada siete seres humanos en este planeta, es decir, más de mil millones de personas, de alguna manera son migrantes. De ellos, casi 60 millones son migrantes en dificultades que se vieron obligados a abandonar su hogar y los lugares en los que crecieron. Otros millones de personas son migrantes en busca de oportunidades en otros países o en otro lugar dentro de su propio país, igual que lo haría cualquiera de nosotros”.

Hoy participaré en la Vigilia que propone la OIM por los 60 millones de emigrantes. Porque se necesitan al menos 60 millones de velas para iluminar la oscuridad de la noche.”Sí, es verdad, hay oscuridad. Pero todos tenemos en nosotros un poco de luz. Hagámosla brillar”, tal y como termina el mensaje de la OIM .

Esta mañana ya encendí la mía. Al alba. La luz que vence a la noche

Jose Luis Pinilla Martin, SJ, en EntreParéntesis

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