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Opinión

Dignificar el clero

Dignificar el clero

   Hoy día, los seminarios mayores están casi vacíos y las personas que se ordenan sacerdotes y diáconos son pocas.  Los clérigos que atienden las parroquias y las capellanías se hayan  envejecidos en su mayor parte. Es más,  en unos casos se hallan enfermos y en otros solos sin tener consigo familia ni personal de servicio doméstico que les atienda y cuide, sin casas parroquiales o en estado ruinoso y sin apenas colaboración y ayuda de los feligreses en las tareas parroquiales y pastorales.

Los clérigos en la actualidad se hallan infravalorados por la clase intelectual, marginados por los medios  de comunicación social, descreídos por la juventud y por clase obrera e incomprendidos por los partidos políticos y sufriendo un anticlericalismo al conocerse los ciudadanos ciertos casos de clérigos pederastas  y homosexuales.

 Este lamentable estado del clero necesita ser dignificado cristianamente y humanamente en el orden social, cultural, educativo y económico. Las vocaciones y ordenaciones sacerdotales nacen al ver las familias, padres e hijos, el ejemplo humano y cristiano del clero en su forma digna de ser, hablar, vestir, vivir y relacionarse. Los seminarios deben formar seminaristas dignos como hombres y como cristianos para ser ordenados de sacerdotes por el obispo.

 El papa Francisco manifestaba en el Parlamento de la Unión Europea: La economía debe estar al servicio de dignidad de las personas. Aplicado a las diócesis, su economía  debe estar al servicio de la dignidad de los clérigos. En el caso de que las diócesis tengan deudas y no tengan liquidez dineraria, pero dispongan del patrimonio y bienes inmobiliarios y mobiliarios suficientes, los clérigos tienen el derecho a que su obispo venda lo necesario para atender sus necesidades y su dignidad de personas y de pastores que trabajan por mundo mejor, más justo y más feliz, y  por el Reino de Dios imitando a Jesús de Nazaret que pasó por este mundo haciendo el bien y criticando a los hipócritas.

José Barros Guede

A Coruña, 3 de diciembre del 2014



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