Iglesia en España

Diego Zambrano, elegido administrador diocesano de Coria-Cáceres

El colegio de consultores de la diócesis de Coria-Cáceres ha elegido esta tarde a Diego Zambrano como administrador diocesano, una vez ha quedado en sede vacante tras la toma de posesión de Francisco Cerro como arzobispo de Toledo. El colegio tenía ocho días para realizar este nombramiento, pero se han reunido esta tarde para tomar la decisión. El nuevo administrador ha expresado sentir «agradecimiento grande a los hermanos del colegio de consultores que han puesto confianza para esta misión», y ha remarcado a su vez que «la misión es temporal, a la espera de un nuevo obispo».

Zambrano, que desde 2016 es vicario general de la diócesis de Coria-Cáceres, permanecerá en el cargo hasta que el nuevo obispo de la diócesis tome posesión del cargo tras ser nombrado por el Papa Francisco, un proceso que no tiene un periodo fijo. Actualmente, hay varias diócesis en España con administradores en su gobierno, apostólicos o diocesanos.

Un canonista para gestionar la diócesis

Diego Zambrano nació el 14 de marzo de 1974  en Fuente del Maestre (Badajoz). Es licenciado en Derecho Canónico por la Universidad de Salamanca.  Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de febrero de 2003. Ha sido párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Torremocha y de Santa María Magdalena de Botija. En el Tribunal eclesiástico ha desempeñado los oficios de notario-actuario y defensor del vínculo.

El 11 de mayo de 2009 fue nombrado secretario general y canciller de la diócesis. En la actualidad es profesor de Derecho Canónico del seminario diocesano, juez diocesano y Párroco in solidum de Fátima en Cáceres. Fue párroco de San José.

Un administrador diocesano gobierna la diócesis como un obispo, pero con algunas funciones mermadas. Por ejemplo, no puede administrar las sagradas órdenes, para lo que tendría que acudir algún obispo de otra diócesis si se diera la necesidad. Esta figura está contemplada por el Código de Derecho Canónico. Es un proceso de continuidad y «en espera» del nuevo pastor. Se dice que en sede vacante, el administrador no debe «causar perjuicio a la diócesis» y que «nada debe innovarse». Es decir, que no deben producirse cambios significativos o de calado en el normal funcionamiento de la diócesis, tanto a nivel de gestión como de pastoral.

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