Carta del Obispo Iglesia en España

Diáconos permanentes: primeros frutos de una nueva etapa, por Julián López, obispo de León

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DIÁCONOS PERMANENTES: PRIMEROS FRUTOS DE UNA NUEVA ETAPA

 Queridos diocesanos:

            Estamos ya en pleno tiempo pascual. Cada domingo nos invita a revivir la alegría de la renovada presencia del Resucitado por medio de su Espíritu Santo derramado sobre todas las comunidades cristianas. Uno de los modos de esta presencia del Señor se produce en el ministro que preside la asamblea de los fieles y que actúa “en la persona de Cristo cabeza”, según una fórmula consagrada por la doctrina de la Iglesia. De este modo se indica que el obispo, el presbítero y el diácono, que constituyen los tres grados del sacramento del Orden, cuando ejercen el ministerio recibido, son una mediación eficaz, entre el Señor y los demás cristianos.

            Deseo destacar esta realidad en el domingo V de Pascua, conocido como el domingo de los ministerios eclesiales. Es justamente la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, la que da pie para esta denominación, pues unas veces evoca la elección de los diáconos para ayudar a los apóstoles (año A), y otras presenta a estos ejerciendo su apostolado y ministerio (años B y C). Este año se nos habla de dos discípulos que no habían conocido personalmente a Jesús, pero que se movían como verdaderos apóstoles actuando valientemente “en el nombre de Jesús” tanto en Damasco como en Jerusalén (cf. Hch 9, 27-29). Se trata de san Bernabé y de san Pablo, presentado a la comunidad cristiana precisamente por el primero.

            Ante estos testimonios nuestra Diócesis hace tiempo que invita, precisamente en el citado domingo, a que se tome conciencia y se rece por los ministerios eclesiales, particularmente por el que se conoce como Diaconado Permanente, instaurado por el Concilio Vaticano II. Este año, gracias a Dios y al trabajo del equipo de formadores dedicados a esta tarea, van a recibir la ordenación el día 3 de mayo dos nuevos diáconos permanentes: D. Felipe Oswaldo Portillo Ramírez y D. Eugenio Nicolás Páez Maidana. Ambos están casados, tienen hijos y, después de completar sus estudios, llevan ya una larga temporada de práctica pastoral en sendas zonas de la Diócesis. Son, por tanto, los primeros frutos de una nueva etapa en la Formación para el Diaconado Permanente en la diócesis de León. El primer diácono permanente de nuestra diócesis, D. Francisco Viñuela Antolín, fue ordenado por mi predecesor Mons. D. Antonio Vilaplana (q.s.g.h.) en octubre de 1997. En la actualidad hay otros tres candidatos que no tardarán en ser ordenados también.

             Al compartir con la comunidad eclesial esta buena noticia, a la vez que felicito a los nuevos diáconos y sus familias, no quiero dejar de insistir en la necesidad que tiene nuestra diócesis de vocaciones al ministerio sacerdotal. El diaconado permanente es una verdadera riqueza porque es un grado del sacramento del Orden y permite confiar a quienes lo reciben responsabilidades importantes en la acción pastoral. Pero el sacerdocio es esencial e insustituible. Nuestro presbiterio, con una media de edad muy alta y con un porcentaje creciente cada año de jubilaciones, necesita jóvenes e incluso adultos generosos que puedan recibir la formación necesaria para dedicarse por entero al ministerio sacerdotal. Pidamos al dueño de la mies que llame operarios.

+ Julián, Obispo de León

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