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“Día Mundial de la seguridad y salud en el trabajo”

“Día Mundial de la seguridad y salud en el trabajo”

Desde el 2003, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organiza el Día Mundial para rendir homenaje a las víctimas de los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. En el 2013 se registraron en España 397.051 accidentes con baja. De ellos, 540 ocasionaron la pérdida de la vida del trabajador. Aunque se ha producido un descenso, en los últimos años se han duplicado los casos de riesgos psicosociales, de estrés, de “acoso” o de depresión “debido a presiones en el trabajo”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) estamos expuestos a más de 143.000 productos químicos peligrosos en el trabajo y en el consumo, con el resultado de al menos 4,9 millones de muertes cada año en el mundo.

Detrás de estas cifras hay personas y familias que sufren la pérdida de un ser querido, personas con secuelas cuya vida no sigue siendo la misma. Los cristianos vemos el rostro de Dios en los que viven estos sufrimientos, tal como nos recuerda Jesucristo en el momento de confrontarnos con el criterio definitivo: “tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis…”. La comunidad eclesial siente la invitación a prevenir las muertes y enfermedades laborales, y atender a las víctimas tendidas en la cuneta como el buen samaritano.

Mucho más, cuando hoy disponemos de medios y tecnología suficientes para remediar casi todas las muertes que se producen en el trabajo y todas las enfermedades causadas en él. Pero es evidente que no hacemos todo lo que podemos. Disponemos de miles de empleados que vigilan y controlan parquímetros para recaudar dinero. Pero no hay tantos inspectores de trabajo para controlar a las empresas. En España hay un inspector de trabajo para 13.000 trabajadores, cuando la proporción recomendada en Europa es de 10.000 trabajadores.

Desde el criterio evangélico de que más vale una persona que el poder recaudatorio, estamos llamados a exigir no escatimar esfuerzos económicos, profesionales y humanos a la hora de garantizar una mayor atención a las víctimas de accidentes laborales. Pero también en los Presupuestos Generales del Estado se reduce la partida de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social.

Igualmente los cristianos debemos ejercer la caridad cristiana acompañando a las personas y familias que sufren una muerte o una enfermedad en el campo del trabajo. En estos días de Pascua, la figura del apóstol Pedro nos escenifica cómo seguir a Jesucristo cuando ve a un paralítico en la puerta del templo, se fija en él, mantiene su mirada compasiva como el buen samaritano y le dice “no tengo oro ni plata, pero hago lo de Jesús: sanar la causa del mal, misericordia quiero y no sacrificio, el hombre no es para el sábado sino al revés.

Estamos convencidos de que una inmensa mayoría de los accidentes laborales se pueden evitar haciendo cumplir las leyes laborales, suprimiendo las excesivas horas de trabajo, la precariedad, la subcontratación abusiva… como lo dijo el papa Benedicto XVI: “Hay que cumplir todos los esfuerzos para que se detenga la cadena de muertes e incidentes. Sin olvidar la precariedad del trabajo, en particular de los jóvenes. Motivo de angustia para tantas familias… Estoy particularmente a vuestro lado y pongo en las manos de Dios todas vuestras angustias y preocupaciones, anhelando que en la lógica de la gratuidad y solidaridad, se puedan superar estos momentos, para que se asegure un trabajo seguro, digno y estable” (Benedicto XVI al recibir a unos ocho mil peregrinos de la diócesis italiana de Terni, localidad con un gran complejo siderúrgico).

Comisión Regional de Pastoral Obrera

Delegaciones y Secretariado Diocesano de Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia.



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