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Día Internacional de la Juventud: Vivir olímpicamente, por Luis Manuel Suárez CMF

En este verano de Juegos Olímpicos y Paraolímpicos, cabe pensar que estos acontecimientos pueden ser un reflejo de la vida. Para todos, y especialmente para los jóvenes. Porque el deporte está asociado a la juventud, de cuerpo y/o de espíritu. Y en un mundo complejo, con tantas referencias y contrarreferencias, el mundo del deporte puede seguir siendo un reflejo válido y evangélico para tomarnos el pulso.

Es curioso que la palabra “olímpicamente” tenga un significado peyorativo en nuestra lengua. Aunque la RAE ofrece una acepción neutra -“de manera olímpica”, la definición que aporta Google se ajusta más a su uso cotidiano -“de manera desconsiderada, despreciativa o altanera”. ¿Y si le buscáramos su potencialidad a este concepto?

Es cierto que los Juegos Olímpicos implican muchas cosas. Entre ellas: competitividad, ganadores y perdedores, deportistas sometidos a presiones que en ocasiones se revelan inhumanas… Pero también es verdad que algunos elementos presentes en esos Juegos pueden animarnos, a jóvenes y a adultos, a vivir una vida humana y cristiana plena.

  • La vida tiene algo de combate. Lucha, resistencia a adversidades, sobreponerse a golpes de todo tipo… En cristiano, contamos con un “defensor” que nos alienta en nuestras luchas -el Espíritu Santo. Y la victoria no es vivida como el resultado directo de nuestras fuerzas: sin quitar la necesaria presencia y la tarea que implica toda acción, la victoria es fundamentalmente una gracia, un regalo, un don, que siempre excede lo merecido.
  • La vida tiene algo -o mucho- de prueba. En muchas circunstancias. En cristiano, esa prueba no es una llamada a ser “competitivos” frente a otros, sino “competentes” con otros y para otros, poniendo en juego los talentos recibidos. Y reconociendo, al final, que “hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lucas 17, 10), ni más ni menos.
  • La vida se parece también a una carrera. Con un inicio muchas veces ilusionante, un desarrollo que exige esfuerzos, y una meta a la que llegar. En cristiano, esa carrera se parece poco a una prueba eliminatoria o de obstáculos, y en cambio se asemeja más a un cross popular, donde lo importante es avanzar juntos y alcanzar todos la meta.

Ya San Pablo intuyó algo de esto, y nos dejó algunas algunos pensamientos valiosos que nos animan a vivir con espíritu “olímpico”: “Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes” (Heb 12,12); “No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros” (Flp 2, 3); “Un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita” (1Cor 9, 25); “He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe” (2 Tim 4, 7); “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).

Podemos contemplar también en esta clave “olímpica” la aportación de San Ignacio, de quien celebramos este año el aniversario de su conversión: igual que ejercitamos el cuerpo, conviene ejercitar el espíritu. Desde un buen inicio que nos conecta con nuestro Fundamento permanente, recorriendo diversas etapas de la mano de Jesús, el Señor, buscando llegar a la meta del Amor.

Y también el Papa Francisco ha pronunciado, en repetidas ocasiones, mensajes relacionados con el deporte como oportunidad: “Que el deporte fomente el encuentro fraternal entre los pueblos y contribuya a la paz en el mundo”, pedía en un video pocos días antes del comienzo de los Juegos de Río de Janeiro; y “Que en este tiempo de pandemia, los Juegos Olímpicos de Tokio sean un signo de esperanza, un signo de hermandad universal conforme a un sano agonismo”, nos decía hace unos días a través de su cuenta de Twitter.

Ejercicio, disciplina, entrenamiento, confianza, compañerismo, superación, tensión hacia una meta… dejando de lado la flojera, la rivalidad envidiosa, la vanagloria autosuficiente o la ambición desmedida por el premio. Toda una lección que la propuesta cristiana nos invita a acoger, para llegar a vivir “olímpicamente”.

Luis Manuel Suárez CMF
Responsable del Área de PJV de la CONFER
@luismanuel_cmf



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