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Día de la Eucaristía y de la caridad en el “Año de la Fe”, por el obispo de León

         Queridos diocesanos:

         La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo del Año de la Fe que venimos celebrando desde el 11 de octubre pasado, viene a recordarnos que la Eucaristía no sólo es un misterio admirable que suscita una profunda emoción en los creyentes ante lo que denominamos la presencia verdadera, real y substancial del Señor bajo las apariencias del pan y del vino, que la Iglesia celebra y adora cada día en la Santa Misa y prolonga después en el culto eucarístico. Por eso, el sacerdote, después de la consagración, exclama: “Este es el misterio de la fe”, o bien: “Este es el sacramento de nuestra fe”. De los dos modos se anuncia y se reconoce a través de la respuesta de los fieles la admiración ante la maravillosa conversión, por obra del Espíritu Santo invocado momentos antes, del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre del Señor, una realidad que supera toda comprensión humana.

         Expresión viva y festiva de esta fe es la solemne procesión, a través de las calles de ciudades y pueblos, que evoca el entusiasmo de las gentes que acompañaban a Jesús en Galilea y celebraban sus milagros. Los cánticos y las preces que se entonan constituyen un testimonio muy bello de fe: “Que la lengua humana cante este misterio: la preciosa Sangre y el precioso Cuerpo… La Palabra es carne, y hace carne y cuerpo con palabra suya, lo que fue pan nuestro…”.

 

La referida fiesta es también el día de la caridad efectiva y práctica, que brota junto a la fe cuando se considera con la mirada del corazón que en la Eucaristía se hace patente el amor inconfundible de Jesús “hasta el extremo”, como se anunció en la última cena con los discípulos (cf. Jn 13, 1ss.) y se hizo patente en la pasión y en la muerte en cruz. El mismo Señor así lo declaró: “Nadie tiene  amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Pero antes dijo también: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” (15, 12). Está claro, pues, que del reconocimiento del amor de Cristo por nosotros expresado en la Eucaristía, debe brotar el amor fraterno no como un sentimiento sino como una realidad puesta por obra. Es más, el Señor que se nos da como alimento en el sacramento eucarístico cuando dice: “Tomad y comed”, nos dice también, como en la multiplicación de los panes, señalando a nuestros hermanos necesitados: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9, 13).

 

Cumpliendo este mandato nos hacemos testigos auténticos del amor de Cristo, y nuestros hermanos podrán reconocer que, efectivamente, somos discípulos que ponen en práctica el mandamiento del amor que nos legó nuestro Maestro y Señor.  Merece la pena que lo pensemos mientras asistimos a la Santa Misa y acompañamos a Jesús en la procesión eucarística. Actuemos con generosidad y valentía, compartiendo nuestro pan y dedicándonos con servicio humilde, sincero y desinteresado, según las posibilidades,  a cooperar y aliviar los efectos de la crisis en las personas y familias que la están padeciendo de manera más directa. CARITAS nos propone este año un lema muy interesante: “Vive sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir”. Es un consejo oportuno y eficaz para construir un modelo de vida lejos del consumismo egoísta e insolidario, y para poder compartir nuestros bienes con quienes están pasando necesidad. Seamos generosos.
Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León

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