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Despedida de Guadix del obispo don Ginés, palabras del vicario general

Despedida de Guadix del obispo don Ginés García Beltrán, obispo electo de Getafe; palabras de despedida del vicario general de la diócesis de Guadix, sábado 17 de febrero de 2018

 

Mihi vivere Christus est (Para mí la vida es Cristo). Con este lema Vd., Don Ginés, se presentaba el 27 de febrero de 2010 en una abarrotada Plaza de las Palomas, con tanto frío como el que hoy nos ampara, pero con el calor de la muchedumbre que le acompañaba tanto de la diócesis de Almería como de Guadix.

Desde aquel día, donde venía a sustituir en la sede de San Torcuato a Don Juan García-Santacruz Ortiz, de feliz memoria, hasta hoy, han pasado ocho años llenos de riqueza espiritual y material.

En el inicio de su pontificado planteó una velocidad de crucero para un trabajo constante y permanente de cercanía en medio de su pueblo. Y así lo hemos constatado.

Ha cultivado el interés por las futuras vocaciones, siendo el seminario la niña de sus ojos. No ha escatimado en recursos humanos y materiales, sabiendo que es el lugar donde saldrán los futuros pastores para nuestra Iglesia diocesana. Además nos ha ayudado a pedir al dueño de la mies que envíe obreros para el trabajo del anuncio del evangelio, haciendo de nuestra oración una súplica confiada al Señor para que nos bendiga con futuras vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal.

La familia ha sido otro elemento importante de su desvelo. Sabedor de la importancia de esta institución como comunidad de amor y entrega… y la fragilidad con que se presenta en nuestros días. Ha intentado promover espiritualidades que sirvan y ayuden con las herramientas necesarias para que la institución familiar sea una iglesia doméstica donde los valores del evangelio se puedan vivir desde el inicio de la misma vida humana.

Los jóvenes han sido otra de las preocupaciones y constantes que han marcado estos ocho años. Sabe que los jóvenes son el futuro y que en nuestra zona el acceso al trabajo es motivo de emigración a otros lugares. Con el año de la misericordia se planteaba una acción que se prolongara en el tiempo como resultado del amor que Dios nos tiene. Como conclusión de aquel año, Cáritas, a instancia suya, presentaba uno de sus proyectos para la formación en el empleo de los jóvenes, dotando de la infraestructura necesaria para cursos de peluquería, cocinero y camarero de planta, abierto en un futuro a otras ramas de la formación.

Ha animado a que en todas las parroquias se consoliden los equipos de Cáritas como trabajo visible de una Iglesia preocupada por los más pobres.

Estos intereses se han mostrado de una manera especial en los dos planes de evangelización que hemos tenido el gusto de trabajar en este tiempo. Del 2011 al 2016 se nos presentaba el Plan de evangelización «Escuchemos lo que el Espíritu dice a nuestra Iglesia», poniéndonos en actitud de escucha y oración. De aquel plan surgió el Directorio de Iniciación Cristiana como una manera de regularizar y plasmar la transmisión del anuncio del evangelio. Surgieron los grupos de formación de Evangelio y Vida y se pusieron las bases para la Escuela de Fundamentos Cristianos. Se promovió la labor de los arciprestes como dinamizadores de la tarea pastoral en sus zonas, dando contenido y responsabilidad a sus tareas.

El plan en el que nos encontramos ahora va del 2016 al 2019 con el título «Testigos misioneros del evangelio». Se han afianzado los grupos de Evangelio y Vida y se ha iniciado el Instituto de Fundamentos Cristianos con 4 sedes y 139 alumnos.

En este curso que nos encontramos, ha querido que de una manera especial se proyectase el interés por los jóvenes, las vocaciones y la familia, a instancias del sínodo que se celebrará en Roma el próximo mes de octubre. De ello surgen la jornada y la semana, que D.M., tendremos sobre las familias y los jóvenes, en el mes de abril.

Han sido planes que se han proyectado en lo concreto, fuera de quedarse en el papel. Han servido para poner el iter, el camino por donde queremos ir.

Hemos de señalar su preocupación y desvelo, para que esta zona norte de la provincia de Granada, tuviese la atención de las ayudas para el empuje socioeconómico que necesita. No le ha importado unir esfuerzos por crear tejido social, y plantear foros de encuentro y debate con diferentes estamentos y personas que pudieran proponer acciones sociales, culturales, empresariales o religiosas.

Todo ello se puede materializar en el resultado de tres obras notables para la diócesis de Guadix y para esta ciudad: el Archivo Diocesano, restaurando la Iglesia de la Magdalena como su sede para aunar las bibliotecas de la curia, del seminario y del cabildo catedral, entre otras. La rehabilitación y puesta en valor del Hospital Real de la Caridad y la Iglesia de San Torcuato como residencia para sacerdotes mayores y como espacio expositivo en su planta baja para bien de la ciudad, estos dos proyectos apoyados por la administración pública. Y la restauración de la Iglesia de San Francisco, una joya única del mudéjar andaluz, que en su totalidad ha sido rehabilitada por la administración diocesana.

El interés por cuidar y aumentar el valor del patrimonio ha llevado a retomar el arreglo de las cubiertas de la Iglesia de Orce, Iglesia de la Piedad de Baza, y de Lanteira entre otras. A rehacer de nueva planta la Casa parroquial de Benamaurel, en ejecución el Centro de Pastoral de Purullena, y la adquisición de los terrenos para iniciar el complejo parroquial en Cúllar. Proyectos que quedan pendientes y que auguran un buen término para el servicio pastoral.

Éstas son las obras que se materializan y se ven, pero también hemos de destacar aquellas que se descubren en la relación cordial y en el encuentro del día a día. Siempre que se le ha requerido, ha estado presente donde fuese necesario y preciso escuchar la voz y la figura del pastor, tanto en parroquias, arciprestazgos como en comunidades religiosas de vida activa y contemplativa.

Ha intentado estar siempre cerca de los sacerdotes, sobre todo de aquellos que lo pasan mal por el peso de los años y de la enfermedad. Ha hecho sentir que el presbiterio es la familia a la que nos debemos. Y que en ella debemos sentir la hermandad necesaria para cubrir nuestras necesidades.

En una de las diferentes entrevistas que le hacían en los medios escritos, decía que «no sabe estar de otro modo sino es involucrándose». Testigos somos de ello. Y la prueba fehaciente, es visible esta mañana.

Hoy la Catedral se queda pequeña, y sabemos que no es por interés de quienes asistimos a este encuentro de la Eucaristía. Es por el cariño que Vd. ha derrochado y ha tenido con cada uno de nosotros. Nos conoce por nuestro nombre y ha trasmitido a Cristo en todos los momentos y circunstancias que le ha sido posible.

En el nombre del Señor, ponía la mano en el arado, dejaba su tierra almeriense y ocupaba la sede más antigua de España como es la de San Torcuato. Y ahora en el nombre del Señor es enviado a una de las diócesis más jóvenes y pobladas de nuestra nación.

Para quienes hemos tenido la suerte de trabajar junto a Vd., sabemos que hemos compartido tarea y trabajo con un hombre bueno. Que en todo momento ha buscado la gloria de Dios en lo que ha hecho, el bien por la diócesis y el despegue de nuestra tierra.

Es por ello que en este momento sólo podemos decir: Gracias, gracias, gracias…

El Señor le siga bendiciendo en su nueva diócesis de Getafe, el rebaño que la Iglesia le ha puesto y al que Vd. se dedicará con el celo del buen pastor que cuida de sus ovejas.

No nos olvide. Rezaremos por Vd. y por las tareas pastorales que le encomienden. Que San Torcuato, las Santas Benditas, Alodía y Nunilón, y María Santísima en su advocaciones de la Piedad y de las Angustias le acompañen y protejan siempre.

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