Coronavirus Por la calle

Desescalando, por Ana Medina

Las parroquias volverán a abrir sus puertas estos días, se despejará parcialmente el horizonte y los cristianos saldremos de las «catacumbas» en las que el bicho nos ha tenido confinados junto al resto de vecinos, impidiéndonos siquiera acudir al templo en busca de consuelo.

En estos meses hemos tenido que aprender a alimentar nuestra esperanza de mil maneras: reuniones online con nuestro grupo, misa por la tele o por la radio, comunión espiritual… curiosas formas de vivir la fe muchas de ellas en estos tiempos recios.

Ahora comienza la desescalada, y todo eso será dejado atrás. O quizás no todo. Me gustaría pensar que esta desescalada se produce después de haber «escalado» primero, escalado alto, también en nuestro interior, pero me da que el cristiano del siglo XXI lleva muy dentro el signo de los tiempos que le ha tocado vivir: la hiperactividad, la superficialidad, el ruido. Y en vez de «recomenzar», tomando lo valioso y dejando lo superfluo, como personas nuevas, queremos «volver» a donde estábamos, dar vueltas como el hámster que agota sus fuerzas creyendo avanzar, sin hacerlo. Y queremos hacerlo, además, sin preguntarnos mucho el para qué de lo vivido. «¡Qué ganas de verte! ¿Todo bien? Pues sigamos».

Y esta oportunidad de silencio ante el vacío que esta crisis ha dejado dentro y fuera de nosotros se habrá perdido. El despertador está sonando. ¿Quieres volver a ser el mismo, la misma, o quieres escuchar la Palabra de Dios que da sentido a lo que no está pasando?

Ana Medina
Directora de «Periferias» en TRECE

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