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Rincón Litúrgico

Desde la cima, II Martes de Pascua, 14-4-2015, por Ángel Moreno, Buenafuente

Desde la cima, II Martes de Pascua, 14-4-2015, por Ángel Moreno, Buenafuente

 Jesús le adelanta a Nicodemo en su diálogo una clave interpretativa de toda la Historia de Salvación, cuando le asegura: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna” (Jn 3, 15).

 Es ahora, en el tiempo de Pascua, cuando se comprende todo lo que habían anunciado los profetas, y a la luz de la resurrección de Jesucristo toman sentido todas las imágenes y figuras del Antiguo Testamento.

El jardín del Paraíso encuentra resonancia paralela en el jardín de Arimatea, y si en el primero Dios creó al primer Adán, en la mañana de Pascua aparece el nuevo Adán, llamando a María Magdalena: “Mujer”, como llamó Adán a Eva.

El árbol del Paraíso, del que pendía el fruto atractivo, es el árbol de la cruz del que pende la salvación del mundo, y si en un árbol fuimos vencidos, en un árbol se nos da la victoria.

El manantial que nace en el corazón del Paraíso y que se derrama por los cuatro lados, es figura del costado de Jesucristo, del que mana sangre y agua y riega toda la tierra de salvación.

 El desierto adonde fueron expulsados los primeros padres por desobediencia, es el desierto de la cuarentena, donde Jesús venció al Tentador, y no se apartó del querer de Dios, convirtiendo, por su obediencia, el desierto en huerto, y el huerto, en jardín.

 El cordero enredado en la zarza, que sirvió para que Abraham no sacrificara a su hijo amado, Isaac, era figura del Cordero de Dios, el Hijo amado, por el que hemos sido rescatados todos los hijos de los hombres.

 

El maná que alimentó durante cuarenta años a los israelitas por el desierto era figura del Pan de Vida, que Jesucristo nos entrega en la noche santa, por el que se nos ofrece pertenecer al nuevo pueblo de Dios, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Si descubrimos una correspondencia tan exacta entre el Antiguo Testamento y Jesucristo, en quien Dios realiza el plan de salvación, del mismo modo se cumplirán en nosotros las palabras del Evangelio, y quien de fe a lo que nos ha prometido Jesús, vivirá anticipadamente la alegría de la Pascua definitiva.

Si el pez de Tobías tiene correspondencia con el pez asado del Lago de Galilea; si la figura de Jonás en el vientre del cetáceo era un anticipo del tiempo de Jesús en el sepulcro; si la roca golpeada por Moisés, tiene en el costado abierto del Señor el paralelismo más exacto, ¿te atreverás a ver en tu vida la vida de Cristo? ¿Te atreverás a comprenderte a la luz de las Escrituras?

Jesús ha dicho que quien dé fe a sus palabras heredará la vida eterna. Desde la cima del monte de la Cruz se divisa la bendición definitiva: “El que pierda la vida por mí, la ganará”.

 

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