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Desde Asís. «La economía de Francisco» al servicio de la vida y la creación, por Eduardo Escobés

Cuando en nuestra Iglesia hacemos referencia a Asís nos vienen a la cabeza dos nombres, Francisco y Clara, y un estilo de vida sencillo y humilde que se encuentra con la Creación en pobreza material. Desde la primera parte del siglo XIII esta localidad italiana está ligada a la búsqueda de un mundo diferente al actual, más parecido a lo que soñamos como Reino de Dios.

Por eso, otro Francisco, nuestro Papa, convocó el año pasado en Asís a empresarios, economistas, emprendedores, dirigentes políticos y agentes de cambio, prioritariamente jóvenes, para reflexionar y buscar conjuntamente una economía con alma. Aunque finalmente el encuentro se tuvo que realizar en remoto, la preparación y la declaración final ha generado un movimiento denominado «la economía de Francisco» en recuerdo del santo de Asís y su espíritu de transformación desde la humildad y la pobreza. Este movimiento ha sido fruto de un trabajo exhaustivo: grupos de trabajo y reflexión, documentos y experiencias locales con una lógica económica diferente a la mayoritaria en el mundo actual, conferencias de personas relevantes en el campo de la economía, el medio ambiente, la agricultura, las finanzas, etc. Todo ello junto a una declaración final en la que se pide la desaceleración de nuestro modo de vida, el cuidado de los bienes comunes, el fin del descarte de las personas desfavorecidas, la gobernanza ética de la economía y de sus entidades mundiales y la sostenibilidad global incorporando en ella la educación, el trabajo, la igualdad de mujeres y hombres y la paz.

El Papa Francisco, en su agenda de trabajo con la que busca ir progresivamente generando un dinamismo en la Iglesia que le permita hablar con el mundo de hoy y sus principales preocupaciones, ha querido poner encima de la mesa que solo habrá un mañana para esta humanidad y para la Creación de Dios si actuamos, una vez más, con responsabilidad.

En el año 2015, a través de la encíclica Laudato si´, daba el paso de poner el cuidado de la casa común, que es la Creación, como una prioridad de nuestra Iglesia, incorporándola al cuerpo de su doctrina social y vinculándola al trabajo por la justicia y la dignidad de las mujeres y hombres de este planeta, especialmente de los más pobres.

Ahora, con su iniciativa desde Asís, nos recuerda que la economía ha de estar al servicio de la vida de la humanidad y de toda la Creación.

Una economía que gestione los bienes comunes, todos ellos, no desde la lógica de un capitalismo utilitarista o extractivista que se basa en la explotación masiva de recursos, sino desde una mirada integral e inclusiva que permite la sustentabilidad del planeta y de todo lo que Dios ha puesto en él.

En esta iniciativa, además de su contenido principal, tiene algunas características que la convierten en una avanzadilla del futuro, un futuro por construir. Ha sido dirigida explícitamente a personas jóvenes. En su convocatoria, realizada en 2019, el Papa habla «a los jóvenes economistas, emprendedores y emprendedoras de todo el mundo, os escribo para invitaros a una iniciativa que he deseado tanto: un evento que me permita encontrar a quienes hoy se están formando y están empezando a estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda». En la declaración final se señala la naturaleza profética de la propuesta y la necesidad de pedir «una y otra vez, para que lo que hoy parece imposible mañana lo sea menos gracias a nuestro compromiso y a nuestra insistencia», poniendo en boca de jóvenes la petición central: «Ustedes, adultos que tienen en sus manos las riendas de la economía y de las empresas, han hecho mucho por nosotros los jóvenes, pero pueden hacer más. Nuestro tiempo es demasiado difícil para no pedir lo imposible. Confiamos en ustedes y por eso les pedimos mucho, pero si pidiésemos menos, no pediríamos lo suficiente. Pedimos todo esto en primer lugar a nosotros mismos y nos comprometemos a vivir los mejores años de nuestras energías e inteligencia para que la economía de Francisco sea cada vez más sal y levadura de la economía de todos».

Toca ahora convertir lo profético en una realidad que solo se puede construir día a día. Para ello ya hay experiencias puestas en marcha, especialmente con jóvenes que se mueven en entornos universitarios o que están generando iniciativas sociales y económicas emprendedoras viables y posibles. Poco a poco quieren ir tejiendo, a nivel mundial, una red de experiencias reales que demuestren que «la economía de Francisco» no es solo una declaración de intenciones buenas sino que es posible su concreción práctica, y están promoviendo una articulación local y nacional que la haga presente en los entornos académicos, empresariales y políticos. Detrás de ello no está solo el Papa. Diócesis, congregaciones religiosas, asociaciones, movimientos y comunidades laicales están acercándose a esta propuesta que abre las puertas a una economía diferente y alternativa a la actual.

Porque, en definitiva, este es un compromiso de jóvenes y adultos, de la sociedad en su conjunto y especialmente de las mujeres y hombres que somos parte de esta Iglesia que pone el foco sobre una de las fuentes de mayor sufrimiento e injusticia en este mundo, el manejo de la economía desde las lógicas del capitalismo actual. Una Iglesia responsable que hace viva la experiencia de la encarnación, que una vez más se repite en la Creación y con especial atención en quienes son más vulnerables y desfavorecidos. Una Iglesia que habla al mundo desde Asís, desde donde con la inspiración de Francisco y Clara nos recuerda que el estilo de vida sencillo y austero es parte de ese Reino de Dios del que nos habló y mostró Jesús de Nazaret.

Por Eduardo Escobés

Presidente de CVX



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