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Desafíos pastorales de la familia, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Desafíos pastorales de la familia, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

El Papa Francisco ha convocado un Sínodo extraordinario para las familias en el contexto de la evangelización. Se trata de una verdaderas ocasión para afrontar los retos que nuestro mundo contemporáneo plantea a las familias.

Hay que empezar diciendo que ha sido voluntad de Dios creador que el matrimonio sea una unión intima y singular entre un solo hombre y una sola mujer, dicha unión es la fuente de donde emerge la familia y el criterio para valorarlo.

La familia debe afrontar diariamente numerosas dificultades y pruebas. Ser una familia cristiana no garantiza automáticamente la inmunidad a crisis incluso profundas, aunque al pasar por ellas la familia se consolida, llegando así a reconocer su vocación originaria en el designio de Dios, con el sostén de la acción pastoral. La familia es una realidad ya «dada» y asegurada por Cristo, y al mismo tiempo es una realidad que hay que «construir» cada día con paciencia, comprensión y amor.

Un dato importante que emerge de las respuestas que se han enviado al Sínodo es que frente a situaciones bastante difíciles, muchas personas, sobre todo jóvenes, perciben el valor del vínculo estable y duradero, un verdadero deseo de matrimonio y familia, en el que realizar un amor fiel e indisoluble, que dé serenidad para el crecimiento humano y espiritual. El «deseo de familia» se revela como un verdadero signo de los tiempos, que hay que acoger como ocasión pastoral.

Es necesario que la Iglesia cuide de las familias que viven en situaciones de crisis y de estrés; que la familia sea acompañada durante todo el ciclo de la vida. La calidad de las relaciones en el seno de la familia debe ser una de las preocupaciones cruciales de la Iglesia. El primer apoyo viene de una parroquia vivida como «familia de familias», identificada como el centro principal de una nueva pastoral, hecha de acogida y acompañamiento, vivido con misericordia y ternura.

En algunos casos, además, urge la necesidad de acompañar situaciones en las que los vínculos familiares están amenazados por la violencia doméstica, con intervenciones de sostén adecuadas para resanar las heridas sufridas y extirpar las causas que las determinaron. Donde dominan abuso, violencia y abandono no puede haber ni crecimiento ni percepción alguna del propio valor.

Se subraya la importancia de una estrecha colaboración entre las familias/casas y la parroquia, en la misión de evangelización, así como la necesidad de que la familia participe activamente en la vida parroquial, mediante actividades de subsidiariedad y solidaridad en favor de otras familias. Al respecto, se menciona la ayuda preciosa de comunidades compuestas por familias. También la pertenencia a movimientos y asociaciones puede resultar particularmente significativa desde el punto de vista del acompañamiento.

Se subraya con mucha frecuencia la necesidad de una pastoral familiar que aspire a una formación constante y sistemática sobre el valor del matrimonio como vocación, sobre el redescubrimiento del ser padres (paternidad y maternidad) como un don. El acompañamiento de la pareja no se debe limitar a la preparación al matrimonio, respecto a la cual se señala -por otra parte- la necesidad de revisar los itinerarios formativos. Se pone de relieve más bien la necesidad de una formación más constante y articulada: bíblica, teológica, espiritual, pero también humana y existencial. Se hace presente la necesidad de que la catequesis asuma una dimensión intergeneracional, implicando activamente a los padres en el camino de iniciación cristiana de sus hijos. Se observa una particular atención a las fiestas litúrgicas, como el tiempo de Navidad y sobre todo la fiesta de la Sagrada Familia, como momentos preciosos para mostrar la importancia de la familia y comprender el contexto humano en el cual Jesús creció, aprendió a hablar, amar, rezar y trabajar. Se recomienda la necesidad de salvaguardar, en la medida de lo posible incluso desde el punto de vista civil, el domingo como día del Señor; como día favorable para el encuentro en la familia y con las demás familias. Son algunos de los retos para el Sínodo

Hay que empezar desde la infancia un niño que se descubre amado incondicionalmente en tanto que hijo, se reconocerá en la adolescencia como alguien que se siente impulsado a amar a la ora persona y finalmente en la edad adulta después de reconocerse en la dimensión esponsal, como alguien que descubre que su amor es fecundo.

Desde la cuna hay que empezar a educar en la dimensión personal y afectiva de toda persona.

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