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Desafíos de la inteligencia artificial, por Manuel Sánchez-Monge

‘Inteligencia Artificial’ (IA) es un nombre de moda. No es realmente inteligencia. Se trata de una máquina que se comporta de una manera que en cierto modo puede parecernos inteligente. La inteligencia es una cualidad de la persona que es capaz de cuestionar la realidad. Aquí simplemente se trata de máquinas con capacidades para adaptarse a las circunstancias que cambian dentro de ciertos límites. La IA combina una capacidad para almacenar gran cantidad de datos y un enorme poder de computación para procesarlos.

La Inteligencia Artificial es una herramienta, depende de para qué la usemos. Así, una Inteligencia Artificial que se aplica indiscriminadamente a las «cosas» y a los «hombres» ya nos muestra que el hombre vale como una «cosa». La elección final se confía a la consideración que el hombre tiene sobre sí mismo y hacia el otro hombre. Estamos en una encrucijada: el hombre colocado en el centro o considerado en una posición marginal… Impedir que esto suceda y mantener al ser humano en el centro es reiterar con toda la sociedad civil y todos los hombres de buena voluntad que el hombre es algo más que un dato o un número. El hombre posee una dignidad intrínseca y sólo reconociendo el valor de la dignidad humana podremos dar el lugar adecuado a la máquina en relación con el hombre mismo.
¿Cómo cambiará el mercado laboral? Está claro que el mercado laboral cambiará. ¿Será esto bueno o malo? Depende, porque, por ejemplo, hoy en día los que trabajan como soldadores corren el riesgo de padecer cáncer por el gas que respiran. Claramente, si la Inteligencia Artificial robótica nos ayuda a evitar que ese soldador arriesgue su salud, es algo bueno. Si, por el contrario, la IA es una herramienta que sirve para que el propietario gane más dinero a expensas de los derechos de los trabajadores, entonces el problema no es de la Inteligencia Artificial, sino de la intencionalidad con la que se implementó.

¿Pueden llegar las máquinas a tener una capacidad creativa? Depende de lo que se entienda por creativo. Las máquinas podrán hacer cosas que nos parezcan creativas, pero lo harán no porque sean creativas sino porque están programadas para hacerlo.

¿Cuáles son los riesgos del desarrollo de la Inteligencia Artificial? La Inteligencia Artificial es un campo muy complejo que juega en la encrucijada de dos cosas: una gran cantidad de datos y un enorme poder de computación para procesarlos. El primer riesgo es el de la injusticia, en el sentido de que una disponibilidad desigual de recursos conduce a una profunda desigualdad de beneficios y riesgos dentro de esta innovación. El segundo, en cambio, se refiere a la capacidad que tiene la Inteligencia Artificial de tomar ciertas decisiones de manera autónoma. Por ejemplo, en lo que respecta a la seguridad Stride, es decir, la identificación de las amenazas a la seguridad informática. La tercera cuestión es la potencia computacional, porque la potencia computacional significa hoy en día capacidad de dominación sobre quien no la posee.

¿Qué repercusiones pueden tener en el campo de la educación? Los que están en la escuela hoy, probablemente cuando entren en el mercado laboral, harán trabajos que aún no existen. Por lo tanto, tenemos que invertir en la educación de los niños para que puedan adquirir las habilidades que los llevarán a adaptarse en este mundo tan diferente. Se trata de invertir en su educación, sin olvidar la importancia de las disciplinas humanas como la filosofía, la teología, el arte y la literatura, que les dan una calidad humana que ninguna máquina puede sustituir.

¿Cómo se sitúa la Iglesia ante este tema? Es importante recordar que el pasado 28 de febrero, la Academia Pontificia para la Vida, Microsoft, IBM, la FA y el Gobierno italiano, firmaron el Llamamiento para una Ética de la Inteligencia Artificial. El objetivo era promover la ‘Algor-ética ‘, es decir, el desarrollo y la utilización de la IA según los siguientes principios, que son fundamentales para una buena innovación: Transparencia, en principio, los sistemas de IA deben ser comprensibles. Inclusión, deben tenerse en cuenta las necesidades de todos los seres humanos para que todos puedan beneficiarse y con las mejores condiciones posibles para expresarse y desarrollarse. Responsabilidad: los que diseñan e implementan soluciones de IA deben proceder con responsabilidad y transparencia. Imparcialidad: no crear ni actuar de acuerdo con algún prejuicio, salvaguardando así la equidad y la dignidad del ser humano. Fiabilidad: Los sistemas de IA deben ser capaces de funcionar de forma fiable. Seguridad y privacidad: Los sistemas de IA deben funcionar de manera segura y respetar la privacidad de los usuarios.

Manuel Sánchez Monge
Obispo de Santander
Artículo publicado en El Diario Montañés

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